jueves, 22 de junio de 2017

Summer is here


Hace unos años, los productos de Hawaiian Tropic causaron furor y los pudimos ver recomendados por algunas celebridades como Aishwarya Rai o Paula Echevarría, así como muchas youtubers.

Con estos productos siempre me ha pasado algo muy curioso y es que asocio su olor al veranito, la playa y a las vacaciones.

Este año he tenido el honor de poder probar la nueva gama Silk Hydration de Hawaiian Tropic tracias a su proyecto en TRND.


La característica que más me llama la atención de Hawaiian Tropic Silk Hydration Air Soft es su fácil aplicación, además de la buena buena protección UVA/UVB. Su formato en spray es ideal para aplicar sobre la piel, ya que es de fácil aplicación, no deja restos blancos, es altamente hidratante, no es aceitoso y su olor es espectacular. Los ingredientes de ésta fórmula están inspirados en Hawái: aloe vera, papaya, coco, guayaba, flor de la pasión...


Es la primera vez que tengo la oportunidad de probar el aftersun de Hawaiian Tropic, con un efecto refrescante sobre la piel y un olor delicioso.

Estos productos se pueden encontrar en la mayoría de los supermercados, en droguerías especializadas como Clarel y en Amazon.

miércoles, 25 de enero de 2017

La belleza en la Edad Media

La Edad Media es una época de gran extensión temporal que abarca 10 siglos, donde el arte y el cánon de belleza cambian. Si hay algo muy común y que dirige toda la vida de la Edad Media es que es un periodo completamente dominado por los dogmas de la Iglesia Católica, la cual afirmaba que todo estaba en unidad con Dios y que todo emanaba de su divina providencia. Así pues, también se consideraba que la belleza provenía de Dios.

Los vestidos femeninos durante la Edad Media eran muy recatados. El cuerpo de la mujer era considerado un instrumento pecaminoso, y aunque se adoraba a la Virgen María, las mujeres reales se veían obligadas a vivir bajo unas estrictas reglas de vestimenta que se encontraban en estrecha relación con la tradición judeo-cristiana del pecado, el pudor y las creencias religiosas, creando una especie de identidad moral que debía ser respetada bajo cualquier circunstancia, ya que el caso contrario llevaba al castigo y la condena eterna.

En esta época creía que la belleza física era era una cualidad etérea que se acababa marchitando a lo largo del tiempo y que, en realidad, lo que era eterno era la belleza espiritual, es decir, la pureza del alma. En este punto, aunque la influencia de la tradición judeo-cristiana en la Edad Media es patente, el cánon de belleza femenino de ésta época era de procedencia bárbara. La mujer ideal era aquella que poseía una cabellera rubia, tez pálida, con cara ovalada, pechos pequeños, ojos y nariz pequeños y labios carnosos y rosados.

El canon de belleza de la mujer en la Edad Media ha quedado plasmado en dos libros:

El Libro del Buen Amor, en el cual se describen las cualidades y las características que una mujer debe poseer para que un hombre se enamore de ella:

"Busca una mujer esbelta, de cabeza pequeña, 
cabellos amarillos, no teñidos de alheña;
las cejas apartadas, largas, altas, en peña;
ancha de caderas, ésta es talla de dueña.

Ojos grandes, hermosos, expresivos, lucientes
y con largas pestañas, bien claras y rientes;
las orejas pequeñas, delgadas; para mientes (fíjate)
si tiene el cuello alto, así gusta a las gentes.

La nariz afilada, los dientes menudillos,
iguales y muy blancos, un poco apartadillos,
las encías bermejas, los dientes agudillos,
los labios de su boca bermejos, angostillos.

La su boca pequeña, así, de buena guisa
su cara sea blanca, sin vello, clara y lisa,
conviene que la veas primero sin camisa
pues la forma del cuerpo te dirá: ¡Esto aguisa!"

En formas generales, la descripción detallada por el Libro del Buen Amor coincide casi plenamente con el cánon de belleza de la Edad Media. La otra obra, ejemplo de éste cánon, es el libro catalán Speculum al foder, un libro de características eróticas, posiblemente el único de esta índole en la tradición cristiana, y que no solo habla de cómo debía ser la apariencia femenina en la Edad Media, si no que también era un tratado de psicología femenina, de higiene y de sexualidad; y cuyo extracto dirigido a la belleza física dice así:

"En cuanto a la nobleza y a la belleza de las mujeres, se trata de que tengan cuatro cosas muy negras: el pelo, las cejas, las pestañas y los ojos; cuatro muy coloradas: las mejillas, la lengua, las encías y los labios; cuatro muy blancas: el rostro, los dientes, el blanco de los ojos y las piernas; cuatro muy estrechas: los orificios de la nariz y de los oídos, la boca, los pechos y los pies; cuatro muy delgadas: las cejas, la nariz, los labios y las costillas; cuatro muy grandes: la frente, los ojos, los pechos y las nalgas, cuatro muy redondas [...]"

Así pues, la mujer, aunque fue muchas veces el chivo expiatorio y tuviera el estigma del pecado pendiendo sobre su cabeza, también fue protagonista de un cánon de belleza que se fue repitiendo a lo largo de todo el extenso período de tiempo que abarcó la Edad Media.





jueves, 15 de diciembre de 2016

La crianza de los niños en la Antigua Grecia

Los antiguos griegos se preocupaban por los niños desde el primer momento en que la futura madre sabía o sospechaba de su embarazo. Para que no hubieran problemas durante el parto, se recomendaba a las embarazadas que realizaran ejercicio físico y se alimentaran de forma adecuada. En el momento del parto, la mujer solo podía estar acompañada de otras mujeres, dejando a los hombres al margen.

Era extraño que un hombre estuviera presente durante el parto. El lugar donde se daba a luz era el gineceo, ya que era la zona más resguardada de la casa y favorecía la privacidad del momento.

A los pocos días del parto se celebraban las Anfidromias, una fiesta familiar en la que el padre caminaba alrededor del fuego doméstico con el bebé en brazos, presentándolo a sus parientes. Entonces le otorgaba el nombre, que generalmente solía ser el mismo que el del abuelo. Las familias más pudientes solían organizar una celebración más solemne, que incluía un banquete y un sacrificio.

En Atenas y en otras comunidades griegas, se llevaba a cabo la presentación en sociedad del recién nacido varón con motivo del Festival de las Apaturias, que se celebraban de forma anual entre los meses de octubre y noviembre. Todos los ciudadanos varones se reunían en las fratrías (sociedades hereditarias) y, durante el tercer día de estas festividades, los varones que habían nacido durante el último año eran registrados de forma oficial en presencia de los miembros de la fratría.

En la tradicional sociedad griega se valoraba más tener un hijo que una hija, pues el varón estaba mejor considerado porque se pensaba que podría contribuir a la economía familiar de forma más decisiva que una hija. Asimismo, en la Antigua Grecia eran especialmente apreciados los hijos únicos, los primogénitos o los que nacían de padres mayores, pues se consideraba que eran un regalo divino y que estos últimos podrían estar atendidos por un familiar directo durante sus años de vejez.

En Atenas, los niños y las niñas hasta los 6  años de edad pasaban la mayor parte dentro del gineceo, en compañía de las mujeres de la casa. En esa época ya se pensaba que los juegos infantiles tenían una gran importancia para moldear la personalidad y el desarrollo del talento individual. Se recomendaba que los niños que, por ejemplo, en un futuro tuvieran que ser campesinos o albañiles usaran juguetes relacionados con su futura actividad como adulto. Los niños que todavía estaban con las mujeres no recibían ninguna enseñanza ni realizaban esfuerzos físicos, en lugar de ello, se los animaba a que sus juegos imitaran las actividades serias de la vida adulta. No obstante, esta estricta educación moral no era la regla.
Los niños griegos se entretenían con juegos que aún existen hoy en día, como la gallinita ciega.

Las madres desarrollaban una relación muy estrecha con sus hijos, pues eran éstos los que justificaban su papel dentro de la familia. Esto no significa que sobreprotegieran a sus hijos. En el caso de Esparta, por ejemplo, las madres presionaban a sus hijos para que cumplieran con sus deberes militares hasta la muerte, al entregarles el escudo antes de partir hacia el combate, les decían "Vuelve con él o encima de él". Es por esto que las nodrizas espartanas eran muy apreciadas en toda Grecia.

En cambio, la relación con el padre era más fría y distante. Éste llamaba a sus hijos con el apelativo de pais, el mismo término que se empleaba para denominar a los esclavos, siendo esto un reflejo de la absoluta autoridad que el padre de familia ejercía sobre sus vástagos. Las mujeres, en cambio, llamaban a sus hijos con el apelativo cariñoso de teknon, que significa criatura. A pesar de la autoridad paterna, con el tiempo la disciplina paterna se suavizó bastante.

A partir de los seis años, los niños comenzaban a asistir a la escuela y quedaban bajo la autoridad de un pedagogo, quienes podían llegar a ser contratados tan pronto como el niño finalizaba la lactancia y comenzaba a comprender el habla. El pedagogo acompañaba al niño a la escuela y ayudaba en su formación.

Cabe destacar el papel que los niños tuvieron en la religión de la Antigua Grecia, porque simbolizaban la pureza y éste valor era imprescindible para entrar a servir en un templo. Los coros infantiles eran fundamentales en las celebraciones religiosas y solían competir entre ellos en el festival ateniense de las Dionisias urbanas.

En ciertos cultos los niños sirvieron como sacerdotes. Las sacerdotisas de Artemisa eran niñas por debajo de la edad de contraer matrimonio y, en el Peloponeso, el sacerdote de Zeus era elegido entre los niños que habían ganado un concurso de belleza.

Junto a la pureza, el hecho de ser niño conllevaba otro beneficio ritual dentro de la religión griega: no estar contaminado por la cercanía de la muerte. Por este motivo, los niños cortaban las ramas de los olivos sagrados con las que se elaboraban las coronas de los vencedores olímpicos. Estos niños eran aquellos cuyos padres no habían fallecido y, por tanto, mantenían el favor divino.

Algunos niños fallecidos a tierna edad eran venerados como héroes, seres intermedios entre los dioses y los mortales. Se les atribuían grandes poderes, quizá porque habían fallecido mucho antes de la edad natural y habían adquirido, así, un carácter vengativo. 



domingo, 11 de diciembre de 2016

Gran hambruna de 1315

Fue una hambruna generalizada en Europa del Norte, que dio inicio a la crisis del siglo XIV. Marcó el final de la expansión económica y demográfica que se había vivido entre los siglos XI y XIII, denominada óptimo medieval. Se debió a la pérdida de las cosechas debida al mal tiempo que comenzó en primavera del año 1315, fue crítico el invierno de 1315-1316 y duraría hasta el verano de 1317, aunque la situación era mala desde el año 1314 y el restablecimiento de una relativa normalidad agrícola no llegó hasta el año 1320. El invierno de 1317 fue devastador para los rebaños, falleciendo numerosas cabezas de granado y estallando, en el año 1318, una peste bovina que no cesó hasta el año 1320. En el 1319 hubo una buena cosecha, pero durante los años 1320 y 1322 las condiciones climáticas volvieron a ser adversas. Las pequeñas hambrunas localizadas fueron frecuentes en la Edad Media, pero ésta superó a todas las demás en extensión, duración y mortaldad. La escasez condujo a la carestía y, además de consecuencias demográficas (morbilidad y mortalidad elevadas) desencadenó todo tipo de conflictos sociales e incrementó la criminalidad. Se produjeron casos de canibalismo e infanticidio. Las consecuencias en las mentalidades y las instituciones políticas y religiosas, a largo plazo, se mezclaron con las de la Peste Negra.

Una hambruna en la Europa de la Edad Media implicaba la mortalidad masiva por inanición. Estos eran sucesos habituales, tanto en Francia como en Inglaterra. No obstante, en la Corona de Aragón, éste se conoce como "lo mal any primer", en vista de los que vinieron después.

Para gran parte de la población, lo normal era que no hubiera suficiente comida, y la esperanza de vida era corta por la alta mortalidad infantil. Incluso entre las clases altas, que no tenían porqué verse afectadas directamente por el hambre, padecieron sus efectos indirectos, sufriendo un aumento de la mortalidad: los registros de la familia real británica recogen una esperanza media de vida de 29 años.

La gran hambruna estuvo limitada a Europa del Norte, incluyendo las islas británicas, el norte de Francia, los Países Bajos, la Corona de Aragón (zona norte), los Países Bajos, Escandinavia, Alemania y Polonia Occidental. La hambruna quedó limitada al sur por los Alpes y los Pirineos.

Durante el período cálido medieval, anterior al año 1300, la población europea se había visto incrementada a un ritmo elevado y mantenido durante siglos. En algunas zonas se alcanzaron niveles de población que no serían igualados hasta el siglo XIX. De hecho, actualmente aún existen zonas de Francia donde la población actual es inferior a la de comienzos del siglo XIV. Por otro lado, las cosechas de trigo se encontraban en descenso desde el año 1280, lo que obligaba a realizar una estricta restricción de su consumo: por cada semilla plantada se recogían dos y una de ellas era conservada para el cultivo. Los efectos negativos eran inevitables, ya que el incremento de la población fomentaba el cultivo de zonas marginales y poco fértiles, y no se producía una mejora tecnológica que pudiera compensarlo. Consiguientemente, se produjo un alza de los precios.

Entre los años 1310 y 1330 Europa vivió algunos de los peores y más lóngevos períodos de mál tiempo de la Edad Media, con inviernos duros y veranos fríos y lluviosos.

El cambio climático conjuntamente con una población de niveles históricamente desconocidos como consecuencia del crecimiento demográfico mantenido durante siglos, produjo una situación muy vulnerable: incluso las cosechas inferiores a la media implicaban la extensión masiva del hambre. La escasa previsión de la hambruna y de sus efectos no se encontraba al alcance de las instituciones, dado el nivel de desarrollo político y social de la época.

En el año 1315, un período de lluvias inusualmente intenso azotó gran parte de Europa.  A lo largo de la primavera y el verano, las precipitaciones abundantes continuaron, mientras que las temperaturas se mantuvieron bajas. Estas condiciones climatológicas provocaron la pérdida de la mayor parte de las cosechas. La paja y el heno para en ganado no pudo secarse y no hubo forraje para los animales. El precio de la comida comenzó a subir, doblándose entre la primavera y el verano. La sal, el único medio para conservar la carne, era difícil de obtener porque el agua se evapora mucho peor en un clima húmedo. Los precios del trigo se incrementaron en un 320% y la gran mayoría de la población no podía comprar pan. Los almacenes de grano para emergencias solo eran accesibles para la nobleza. La gente comenzó a recolectar raíces, plantas, frutos y cereales silvestres. En una ocasión, Eduardo II de Inglaterra, en agosto de 1315, se detuvo en St. Albans sin que se pudiera encontrar comida que ofrecerle ni a él ni a su séquito; que el rey de Inglaterra no pudiera comer fue un acontecimiento extraño. Luis X de Francia intentó invadir Flandes, pero los campos estaban inundados y el ejército era incapaz de avanzar, ya que contínuamente se quedaban atascados en el barro; finalmente, tuvieron que retirarse y abandonar todos sus suministros.

En la primavera del año 1316 continuaba lloviendo sobre una población cuya energía y reservas se encontraban mermadas. Todas las clases afectadas se vieron afectadas, pero especialmente los campesinos, que representaban el 95% de la población y no tenían reservas de comida. En un intento de aliviar la situación, se sacrificaron animales de carga y se destinó a alimentación el grano reservado para la siembra, los niños eran abandonados a su suerte y algunos ancianos renunciaban voluntariamente a su comida para que la nueva generación pudiera salir adelante. Los cronistas de la época relatan muchos casos de canibalismo.

El peor momento de la hambruna fue en el año 1317, mientras se mantenía el clima lluvioso. Finalmente, durante el verano el clima regresó a la normalidad. No obstante, la población estaba tan debilitada por el hambre y las enfermedades (como la neumonía, bronquitis y tuberculosis), y se había consumido tanta semilla reservada para la siembra, que habría que esperar hasta el año 1325 para que la producción agrícola regresara a un nivel normal y la población volviera a crecer.


domingo, 6 de noviembre de 2016

La higiene en la Edad Media

En la Edad Media, los baños y la higiene brillaban por su ausencia, a diferencia de la época romana, donde la higiene era esencial.

Los baños en las viviendas particulares estaban reservados a unos pocos privilegiados, a la nobleza y a los mercaderes. No obstante, existían numerosos baños públicos a los que el pueblo llano podía acudir de vez en cuando.

A pesar de su existencia, los baños públicos estaban mal vistos por muchas personas y, sobretodo, por la Iglesia, ya que a menudo estaban asociados a la prostitución, ya que allí se juntaban hombres y mujeres desnudos. En ocasiones, estos baños eran tapaderas que escondían burdeles.

Se podían encontrar baños en toda Europa y París fue una de las capitales con el número más elevado de baños públicos, aunque los franceses del medievo brillan por la fama de su fuerte olor corporal.

Se debe tener en cuenta que, en la Edad Media, las mujeres hacían sus necesidades sin quitarse el vestido y empleaban como enjuague bucal su propia orina. Los abanicos eran empleados para mitigar el olor corporal.

Generalmente, la gente no se solía bañar en invierno ya que hacía frío. Los primeros baños se realizaban en mayo, época en la que se celebraban las bodas para evitar los malos olores en la pareja. De hecho, la tradición de llevar la novia un ramo de flores para casarse deriva de aquí, ya que el olor de las flores ayudaba a disimular el hedor corporal.

Averroes, insigne médico musulmán, llegó a afirmar que, en los baños públicos, una muchacha había quedado embarazada sin haber tenido relación sexual alguna, solo por compartir la misma agua que un rato antes habían usado los hombres.

Otros médicos de la época afirmaban que después del baño las carnes se reblandecían, los poros se abrían y los vapores podían entrar en el organismo produciendo la muerte o enfermedades graves

Durante la época de la Peste Negra, los médicos pidieron que se prohibieran y cerraran los baño públicos, ya que creían que la peste se propagaba a través del agua. Llegaron a afirmar que la mugre protegía de las enfermedades.

En los baños públicos, el dueño del establecimiento hacía sonar una trompeta para anunciar la hora de la apertura, la gente acudía semidesnuda y se acomodaba en diversos bancos para disfrutar del agua y del vapor, había masajistas que aplicaban ungüentos y barberos.

En el caso de los estamentos más elevados, el baño era un signo de distinción y era muy común acompañarlo de la comida, siendo éste un lujo reservado para unos pocos.

Las bañeras, eran grandes tinas de madera reforzadas con metal. Se tapaban con una sábana para evitar la pérdida de calor. Las crónicas de Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, nos ofrecen un reflejo de lo que debía ser un baño noble de la época:

"El Duque invitó a comer a los embajadores del rico Duque de Baviera y del conde de Wuttemberg, e hizo aportar un acompañamiento de cinco platos de carne para regocijarse en el baño".

Las crónicas también afirman que una vez llegó a alquilar un baño público para él y sus invitados, con meretrices para satisfacerles.

En las casas ricas y/o nobles que podían permitirse el lujo de tener un baño, se bañaban dos veces al año. El orden de baño era el siguiente: primero se bañaba el padre, luego los miembros varones por orden de edad, después las mujeres y, por último, los bebés. Cabe destacar que el agua no se cambiaba.

En el Reino de Castilla, dado que se veía una estrecha relación entre los baños públicos y la sexualidad, se comenzó a poner días diferentes para los baños de hombres y mujeres, los judíos solo podían bañarse un día a la semana. Se prohibieron los baños los domingos y el viernes santo.

Los musulmanes reservaban las mañanas para los hombres y las tardes para las mujeres, aunque ellos veían el baño como algo social y saludable.

En Aviñón estaba prohibido que los hombres casados acudieran a los baños y no estaba bien visto que las mujeres de buena reputación acudiesen a ellos.

En el siglo XV se comenzaron a prohibir y cerrar los baños públicos en Londres y, a partir de ahí, en toda Europa.

Las calles de los pueblos y ciudades europeas eran lugares llenos de basura y excrementos, las necesidades se hacían en cualquier sitio e incluso se tiraban por la ventana. En las casas se convivía con animales y con sus excrementos.


domingo, 9 de octubre de 2016

Jerarquía en la sociedad de los astures

Los Astures eran un gran pueblo que englobaba 4 tribus (Albiones, Pesicos, Lugones y Vadinienses) y cada una de estas tribus estaba compuesta por varios clanes. Cada clan se repartía por varios castros próximos entre sí. En el castro el conjunto familiar ocupaba un lugar primordial, siendo la base de la sociedad tribal. Cada unidad familiar estaba compuesta de madre, padre y hijos; todos vivían en una única vivienda y compartían el espacio hasta que los hijos decidían crear su propia familia. Las familias eran matriarcales.

La mujer tenía un papel muy relevante en las decisiones familiares, las del castro y las del clan. A nivel familiar eran las hermanas las que debían dar el consentimiento y aprobar la mujer elegida por el hermano y, incluso, podían llegar a escoger a la mujer de su hermano. Participaban en las asambleas, ostentaban cargos religiosos y luchaban junto a los hombres.


Según los cronistas romanos, la mujer astur era dura y fuerte, cuando paría lo hacía allí donde aconteciese y en silencio, evitando mostrar dolor, una vez nacido el bebé se lo entregaba a su marido quien debía pasar con él la primera noche; el objetivo era crear un vínculo padre-hijo similar al que posee la madre con su hijo (La Covada). No obstante, aunque la figura paterna era importante, los hijos tenían como tutor a su tío materno, denotando así la importancia que se le daba al linaje materno.

El hombre astur representaba la defensa del castro, cada castro poseía un caudillo militar que presidía las asambleas y que se encargaba de mantener las relaciones con otros clanes participando en los consejos tribales. Los jefes tribales se identificaban con un torque, asociado al dios Cernunos.

Durante la colonización romana, se experimentó un incremento de las actividades bélicas en el territorio Astur, llegando a ser la guerra una actividad muy especializada. Tanto hombres como mujeres participaban en la guerra, algo inusual para la época. Los hombres astures llevaban una larga melena, adornaban su frente con una cinta cuando iban a entrar en combate y vestían un manto negro o marrón que les cubría todo el cuerpo; siempre llevaban encima veneno de tejo para untar sus flechas, lanzas y espadas con el objetivo de provocar un golpe mortal al enemigo, si el daño producido no era suficiente, la infección que provocaba el veneno acabaría de matarlo. También empleaban el veneno para suicidarse, ya que preferían el suicidio antes que la derrota o ser sometidos por el enemigo.

Los augures ocupaban un puesto especial dentro del pueblo astur. Eran los principales transmisores del conocimiento científico, dedicaban su vida al estudio de la naturaleza con el objetivo de comprender sus secretos. Cada augur transmitía su conocimiento a dos pupilos, los cuales conocerían cosas que estaban prohibidas para la mayoría de la población. Eran tan influyentes que incluso los romanos evitaban atacarlos por si recaía algún tipo de venganza divina sobre ellos.

El cargo de sanadora se transmitía por vía materna. Era una mujer muy importante y muy respetada en el castro, pues podía tratar afecciones tanto con plantas medicinales como con procedimientos quirúrgicos, resolvían fracturas, suturaban heridas y investigaban las enfermedades.