domingo, 13 de agosto de 2017

Mariana Pineda, la primera defensora de la libertad

Mariana de Pineda (1 de septiembre de 1804 - 26 de mayo de 1831) fue una liberal española del siglo XIX ejecutada durante la restauración de Fernando VII de España.

Fue hija de Mariano de Pineda y Ramírez, capitán de navío de Granada y caballero de la Orden de Calatrava, que nunca llegó a casarse con su madre, María de los Dolores Muñoz y Bueno, procedente de Lucena, mucho más joven y de condición social más baja que él. La pareja tuvo una primera hija en la ciudad de Sevilla, donde residieron durante un tiempo, pero falleció al poco de nacer, y después de trasladarse a Granada, donde vivieron en casas separadas, tuvieron una segunda hija, que fue Mariana. Después de su nacimiento, madre e hija se fueron a vivir a la casa de Don Mariano, quien unos meses más tarde, como consecuencia de una enfermedad crónica que padecía, escribió un documento en el cual otorgaba a María todos los derechos sobre Mariana. Pero al poco tiempo, Mariano denunció a su pareja por haberse apropiado de los bienes puestos a nombre de su hija y María Dolores huyó de la casa común con la niña, siendo detenida y obligada a devolver a la niña a su padre. Después de la muerte de don Mariano, Mariana pasó a ser tutelada por su tío, que era ciego, soltero y tenía 47 años. Sin embargo, tras casarse con una mujer mucho más joven que él, traspasó sus responsabilidades como tutor a dos jóvenes criados suyos, José de Mesa y Úrsula de la Presa, a cuyo cargo quedó Mariana a lo largo de su infancia.

Cuando falleció su tío, éste legó a su propia hija gran parte de los bienes que le correspondían a Mariana por herencia de su padre, por lo que ésta tuvo que pleitear durante toda su vida para que le fueran devueltos, aunque nunca lo consiguió.

Se casó cuando tenía 15 años con Manuel de Peratla y Valle, once años mayor que ella y que acababa de desertar del ejército. La boda se celebró de forma sígilosa, debido a la condición de hija ilegítima de Mariana. De este matrimonio tuvo dos hijos, José María y Úrsula María. En agosto de 1822, falleció su esposo dejándola viúda a los 18 años y con dos hijos pequeños. Fue en esos años de su matrimonio, que coinciden con el Trienio Liberal, cuando Mariana se adhirió a la causa liberal y tras la nueva restauración del absolutismo por Fernando VII de España, en 1823, acogió en su casa a liberales perseguidos. Entre estos liberales perseguidos se encontraba el militar Casimiro Brodett y Carbone, con el que estuvo a punto de casarse, pero el matrimonio se frustró porque Brodett no consiguió la dispensa real a causa de su filiación liberal y se vió obligado a abandonar el ejército, marchándose a Cuba. Mariana, por su parte, desapareció durante dos años de Granada.

Cuando volvió a granada ayudó a su primo, Fernando Álvarez Sotomayor, a escapar de la cárcel donde cumplía condena desde 1827 por haber participado en diversas conspiraciones liberales organizadas por los exiliados de Gibraltar. La estrategia de la que se valió para liberar a su primo fue introducir unos hábitos  en la cárcel y entregárselos a Fernando que, disfrazado de fraile, salió de la prisión sin mayores dificultades porque, como había observado Mariana, los muchos clérigos que entraban y salían del establecimiento nunca eran controlados por los guardias. Éste se refugió incialmente en casa de Mariana y cuando Ramón Pedrosa (el alcalde del crimen de Granada) fue a buscarlo allí, ya se encontraba en Gibraltar.

A su vuelta de Gibraltar, Mariana tuvo como amante al abogado José de la Peña, de 28 años, y al cual se unió en matrimonio secreto, celebrado en la Iglesia de Santa Ana. De ese enlace, nació una niña a la que Mariana reconoció como hija natural a pesar de que no vivieran juntas, aunque no así Jose de la Peña, que esperó a 1846 para reconocerla como hija y heredera.

En alguna ocasión Mariana también atrajo la atención del alcalde Ramón Pedrosa a causa de la denuncia presentada contra ella por Romero Tejada, por unas supuestas conexiones con los "anarquistas" -que era el nombre que entonces empleaban los absolutistas para hacer referencia a los revolucionarios liberales- de Gibraltar. Más grave fue el caso de su fiel criado Antonio Buriel -que había servido a las órdenes de Rafael del Riego- que fue detenido por Pedrosa por haber llevado cartas comprometedoras y que le valieron a Mariana el verse arrestada en su domicilio. El caso nunca llegó a juzgarse, aunque Mariana tomó medidas preventivas solicitando los servicios del abogado Jose María Escalera. La policía granadina estaba convencida de que Mariana Pineda estaba implicada en los preliminares de una insurrección y de que su criado Antonio Buriel "tenía preparada una docena de hombres decididos para lanzarlos a la calle".

La policía absolutista del ministro Francisco Calomarde estaba alerta desde que supo que el General José María Torrijos que, junto con el general Francisco Espoz y Mina, era el líder de los liberales exiliados, había llegado a Gibraltar a principios de septiembre de 1830. De hecho, la primera tentativa de insurreccón anti-absolutista tuvo lugar en enero de 1831 cuando Torrijos y su grupo intentó marchar sobre La Línea de la Concepción desde Gibraltar, con el objetivo de alcanzar Algeciras. Una semana más tarde, sin que se sepa si tuvieron una relación directa con Torrijos, un grupo de liberales acabó con la vida del gobernador de Cádiz, lo que fue interpretado equivocadamente por la guarnición de San Fernando para iniciar un levantamiento que resultó un fracaso, al mismo tiempo que desde el Campo de Gibraltar había salido un grupo de unos 200 hombres que recorrieron la Serranía de Ronda hasta que fueron capturados por los Voluntarios Realistas. Estos movimientos parecían indicar que se estaba preparando un levantamiento generalizado por toda Andalucía que estaría encabezado por Torrijos y por Espoz y Mina, y coordinado desde Madrid por Salustiano de Olózaga. Se llegó a fijar la fecha del 20 de marzo de 1831 para el levantamiento, pero la policía del ministro de Justícia de Fernando VII, Francisco Calomarde estaba al tanto de los preparativos -algunos de sus agentes se encontraban en Gibraltar siguiendo a Torrijos y a su grupo- y lograron desbaratar el intento. Dos días antes de la fecha prevista para el levantamiento, Mariana Pineda fue detenida en su casa de Granada.

El 18 de marzo de 1831 la policía, al mando del señor Pedrosa, irrumpió en su domicilio, y al encontrarse "dentro de la casa que habitaba doña Marina Pineda, cabeza o principal de ella" una "bandera, señal indubitada del alzamiento que se forjaba" fue "aprehendida... teniéndosela legalmente... por autora del horroroso delito", según el relato del fiscal que presentó en el juicio al que fue sometida. Según Carlos Serrano, las condiciones en que se encontró la "bandera" en casa de Mariana "hacen sospechar que la introdujo en ella algún agente manipulado por la policía, sin duda una de las propias bordadoras del Albaicín a quien ella tenía encomendada el trabajo y que, descubierta o denunciada, se habría visto más o menos obligada a introducir el famoso pendón en su casa para que pudiera ser "descubierto" luego allí y sirviera de base para la acusación".

De momento fue confinada en su propia casa, custodiada por un guardia, de donde escapó tres  días después aprovechando un descuido del guardia disfrazada de anciana, pero el guardia logró alcanzarla en la calle y Mariana le rogó que no la denunciara, tratando de convencerlo para que la acompañara en su fuga. Este hecho sería empleado por el fiscal para imputarle un supuesto segundo delito, además del de preparar un alzamiento contra "la soberanía del Rey N.S." el de "haber emprendido su fuga de la prisión que le fue constituida en su casa", tratando de "seducir o cohechar al dependiente que la custodiaba y que le dio alcance en su fuga, diciendo a éste que la dejara, ofreciéndole que se fuese con ella y le haría feliz". A causa de este intento de fuga, fue recluida en la cárcel de mujeres de mala vida del Convento de las Arrecogidas de Santa María Egipcíaca

Dada su condición de mujer, no la consideraban una de los líderes  de la conjura liberal que creían que estaba en marcha en Granada -de hecho en ninguno de los pronunciamientos liberales del reinado de Fernando VII hubo mujeres directamente implicadas- sino que la detuvieron para que denunciara a sus cómplices, de ello sería que Pedrosa, alcalde y jefe de la policía de Granada, estaba habilitado para indultarla incluso después del juicio si aceptaba declarar sobre sus cómplices, cosa a la que ella se negó hasta el final -una firmeza que por otro lado no había demostrado su primo Fernando Álvarez de Sotomayor, a quien Mariana había ayudado a escapar de la cárcel, que informó a las autoridades absolutistas de las actividades del grupo de José María Torrijos en Gibraltar a cambio de un indulto-.

Por otro lado, se especuló que la detención y la condena a muerte de Mariana se debía al despecho sufrido por el alcalde Ramón Pedrosa que estaría enamorado de ella. Esta teoría la expuso veladamente durante el juicio su abogado defensor al referirse a "ciertos acontecimientos y circunstancias fatales" que habían hecho que a Mariana "se la tenga por algunos en un concepto" que no merecía, entre las que se encontraba "no haber accedido a pretensiones de otros sujetos" quienes "no sería extraño que se hayan propuesto llevar su resentimiento y venganza hasta el extremo de arruinarla". Mucho más explícitas fueron las coplas que circularon por la ciudad, y que perduraron mucho tiempo, como esta:

"Granada triste está
porque Mariana de Pineda
a la horca va
Porque Pedrosa y los suyos
sus verdugos son,
Y ésta ha sido su venganza
Porque Marian de Pineda
su amor no le dio.

Se puede afirmar que el alcalde del crimen de Granada se tomó el proceso como un asunto personal, presionándola para que delatara a sus supuestos cómplices, todo ello reforzado por el hecho de que Pedrosa había recibido del ministro Calomarde plenos poderes para investigar todas las "conspiraciones" que se produjeran en Granada, lo que le concedía un derecho de vida o muerte sobre los encausados, ya que nadie podía interferir en sus decisiones. Así pues, tres semanas después de la detención de Mariana, la administración de Justícia de Granada decidió que su causa pasara a las manos de Pedrosa.

A pesar de la convincente defensa que hizo su abogado, Mariana Pineda fue condenada a muerte. El día de su ejecución, al parecer se había preparado una operación destinada a liberarla durante el trayecto que conducía del Convento de las Arrecogidas de Santa María Egipcíaca, donde había permanecido internada, hasta el Campo del Triunfo donde estaba montado el garrote vil, pero por motivos que se desconocen, el rescate no tuvo lugar. Así que nada impidió que fuera ejecutada el 26 de mayo de 1831, a los 26 años de edad.

Mariana Pineda mantuvo su dignidad hasta la hora de prepararse para su ejecución, negándose a que le quitaran las ligas para no "ir al patíbulo con las medias caídas".

Su ejecución pretendió castigar la causa de los liberales, lo que la convirtió en una mártir para éstos y en un símbolo popular contra la falta de libertad, a consecuencia de lo cual llegó a convertirse en personaje principal de varias piezas dramáticas, poemas y ensayos.

En 1856, los restos de Mariana Pineda fueron depositados en la Cripta de la Catedral de Granada, donde descansan bajo una sencilla lápida, con el siguiente epitafio:

"D.O.M Ad perpetuam memoriam. Reliquiae mortales Marianae Pineda, quam, saeva morte, percussit tyrannus, Granatae septimo kalendas junii, anni millesimi octogentesimi trigesimi primi. Requiescat in pace. Patria grata ejus memoriam colit. Anno MDCCCLVI.




María Pita, la Juana de Arco española

María Pita (1565 - 1643) fue una heroína gallega de la defensa de La Coruña, en 1589, contra el asedio de la Armada Británica.

El 3 de mayo de 1589 las tropas inglesas asedian La Coruña dirigidas por el almirante y corsario Sir Francis Drake.

Este ataque formaba parte de la estrategia de la reina Isabel I de Inglaterra para despojar del trono de Portugal al que fue su cuñado y pretendiente, el fey Felipe II de España.

Los ingleses, habiendo cercado la ciudad gallega, abrieron una brecha en la muralla y comenzaron el asalto de la ciudad vieja. Durante el mismo, matan al marido de María Pita quien, llena de rabia, arrebata la lanza de la bandera inglesa y, con la misma, mata al alférez que dirigía el asalto, el hermano de Sir Francis Drake. Esto desmoralizó a la tropa inglesa, compuesta por 12.000 soldados y provocó su retirada. La tradición dice que este hecho se llevó a cabo al grito (en gallego) de "Quen teña honra, que me siga" ("Quien tenga honra que me siga").

Una vez finalizado el asedio, ayudó a recoger los cadáveres y a cuidar de los heridos. Junto con María Pita, otras mujeres coruñenses ayudaron a defender la ciudad, como es el caso de Inés de Ben, que fue herida durante el asedio.

Estuvo casada cuatro veces y tuvo cuatro hijos. Al enviudar por útlima vez, el rey Felipe II de España le otorgó una pensión que equivalía al sueldo de un alférez más cinco escudos mensuales y le concedió un permiso de exportación de mulas de España a Portugal.


jueves, 22 de junio de 2017

Summer is here


Hace unos años, los productos de Hawaiian Tropic causaron furor y los pudimos ver recomendados por algunas celebridades como Aishwarya Rai o Paula Echevarría, así como muchas youtubers.

Con estos productos siempre me ha pasado algo muy curioso y es que asocio su olor al veranito, la playa y a las vacaciones.

Este año he tenido el honor de poder probar la nueva gama Silk Hydration de Hawaiian Tropic tracias a su proyecto en TRND.


La característica que más me llama la atención de Hawaiian Tropic Silk Hydration Air Soft es su fácil aplicación, además de la buena buena protección UVA/UVB. Su formato en spray es ideal para aplicar sobre la piel, ya que es de fácil aplicación, no deja restos blancos, es altamente hidratante, no es aceitoso y su olor es espectacular. Los ingredientes de ésta fórmula están inspirados en Hawái: aloe vera, papaya, coco, guayaba, flor de la pasión...


Es la primera vez que tengo la oportunidad de probar el aftersun de Hawaiian Tropic, con un efecto refrescante sobre la piel y un olor delicioso.

Estos productos se pueden encontrar en la mayoría de los supermercados, en droguerías especializadas como Clarel y en Amazon.

miércoles, 25 de enero de 2017

La belleza en la Edad Media

La Edad Media es una época de gran extensión temporal que abarca 10 siglos, donde el arte y el cánon de belleza cambian. Si hay algo muy común y que dirige toda la vida de la Edad Media es que es un periodo completamente dominado por los dogmas de la Iglesia Católica, la cual afirmaba que todo estaba en unidad con Dios y que todo emanaba de su divina providencia. Así pues, también se consideraba que la belleza provenía de Dios.

Los vestidos femeninos durante la Edad Media eran muy recatados. El cuerpo de la mujer era considerado un instrumento pecaminoso, y aunque se adoraba a la Virgen María, las mujeres reales se veían obligadas a vivir bajo unas estrictas reglas de vestimenta que se encontraban en estrecha relación con la tradición judeo-cristiana del pecado, el pudor y las creencias religiosas, creando una especie de identidad moral que debía ser respetada bajo cualquier circunstancia, ya que el caso contrario llevaba al castigo y la condena eterna.

En esta época creía que la belleza física era era una cualidad etérea que se acababa marchitando a lo largo del tiempo y que, en realidad, lo que era eterno era la belleza espiritual, es decir, la pureza del alma. En este punto, aunque la influencia de la tradición judeo-cristiana en la Edad Media es patente, el cánon de belleza femenino de ésta época era de procedencia bárbara. La mujer ideal era aquella que poseía una cabellera rubia, tez pálida, con cara ovalada, pechos pequeños, ojos y nariz pequeños y labios carnosos y rosados.

El canon de belleza de la mujer en la Edad Media ha quedado plasmado en dos libros:

El Libro del Buen Amor, en el cual se describen las cualidades y las características que una mujer debe poseer para que un hombre se enamore de ella:

"Busca una mujer esbelta, de cabeza pequeña, 
cabellos amarillos, no teñidos de alheña;
las cejas apartadas, largas, altas, en peña;
ancha de caderas, ésta es talla de dueña.

Ojos grandes, hermosos, expresivos, lucientes
y con largas pestañas, bien claras y rientes;
las orejas pequeñas, delgadas; para mientes (fíjate)
si tiene el cuello alto, así gusta a las gentes.

La nariz afilada, los dientes menudillos,
iguales y muy blancos, un poco apartadillos,
las encías bermejas, los dientes agudillos,
los labios de su boca bermejos, angostillos.

La su boca pequeña, así, de buena guisa
su cara sea blanca, sin vello, clara y lisa,
conviene que la veas primero sin camisa
pues la forma del cuerpo te dirá: ¡Esto aguisa!"

En formas generales, la descripción detallada por el Libro del Buen Amor coincide casi plenamente con el cánon de belleza de la Edad Media. La otra obra, ejemplo de éste cánon, es el libro catalán Speculum al foder, un libro de características eróticas, posiblemente el único de esta índole en la tradición cristiana, y que no solo habla de cómo debía ser la apariencia femenina en la Edad Media, si no que también era un tratado de psicología femenina, de higiene y de sexualidad; y cuyo extracto dirigido a la belleza física dice así:

"En cuanto a la nobleza y a la belleza de las mujeres, se trata de que tengan cuatro cosas muy negras: el pelo, las cejas, las pestañas y los ojos; cuatro muy coloradas: las mejillas, la lengua, las encías y los labios; cuatro muy blancas: el rostro, los dientes, el blanco de los ojos y las piernas; cuatro muy estrechas: los orificios de la nariz y de los oídos, la boca, los pechos y los pies; cuatro muy delgadas: las cejas, la nariz, los labios y las costillas; cuatro muy grandes: la frente, los ojos, los pechos y las nalgas, cuatro muy redondas [...]"

Así pues, la mujer, aunque fue muchas veces el chivo expiatorio y tuviera el estigma del pecado pendiendo sobre su cabeza, también fue protagonista de un cánon de belleza que se fue repitiendo a lo largo de todo el extenso período de tiempo que abarcó la Edad Media.





jueves, 15 de diciembre de 2016

La crianza de los niños en la Antigua Grecia

Los antiguos griegos se preocupaban por los niños desde el primer momento en que la futura madre sabía o sospechaba de su embarazo. Para que no hubieran problemas durante el parto, se recomendaba a las embarazadas que realizaran ejercicio físico y se alimentaran de forma adecuada. En el momento del parto, la mujer solo podía estar acompañada de otras mujeres, dejando a los hombres al margen.

Era extraño que un hombre estuviera presente durante el parto. El lugar donde se daba a luz era el gineceo, ya que era la zona más resguardada de la casa y favorecía la privacidad del momento.

A los pocos días del parto se celebraban las Anfidromias, una fiesta familiar en la que el padre caminaba alrededor del fuego doméstico con el bebé en brazos, presentándolo a sus parientes. Entonces le otorgaba el nombre, que generalmente solía ser el mismo que el del abuelo. Las familias más pudientes solían organizar una celebración más solemne, que incluía un banquete y un sacrificio.

En Atenas y en otras comunidades griegas, se llevaba a cabo la presentación en sociedad del recién nacido varón con motivo del Festival de las Apaturias, que se celebraban de forma anual entre los meses de octubre y noviembre. Todos los ciudadanos varones se reunían en las fratrías (sociedades hereditarias) y, durante el tercer día de estas festividades, los varones que habían nacido durante el último año eran registrados de forma oficial en presencia de los miembros de la fratría.

En la tradicional sociedad griega se valoraba más tener un hijo que una hija, pues el varón estaba mejor considerado porque se pensaba que podría contribuir a la economía familiar de forma más decisiva que una hija. Asimismo, en la Antigua Grecia eran especialmente apreciados los hijos únicos, los primogénitos o los que nacían de padres mayores, pues se consideraba que eran un regalo divino y que estos últimos podrían estar atendidos por un familiar directo durante sus años de vejez.

En Atenas, los niños y las niñas hasta los 6  años de edad pasaban la mayor parte dentro del gineceo, en compañía de las mujeres de la casa. En esa época ya se pensaba que los juegos infantiles tenían una gran importancia para moldear la personalidad y el desarrollo del talento individual. Se recomendaba que los niños que, por ejemplo, en un futuro tuvieran que ser campesinos o albañiles usaran juguetes relacionados con su futura actividad como adulto. Los niños que todavía estaban con las mujeres no recibían ninguna enseñanza ni realizaban esfuerzos físicos, en lugar de ello, se los animaba a que sus juegos imitaran las actividades serias de la vida adulta. No obstante, esta estricta educación moral no era la regla.
Los niños griegos se entretenían con juegos que aún existen hoy en día, como la gallinita ciega.

Las madres desarrollaban una relación muy estrecha con sus hijos, pues eran éstos los que justificaban su papel dentro de la familia. Esto no significa que sobreprotegieran a sus hijos. En el caso de Esparta, por ejemplo, las madres presionaban a sus hijos para que cumplieran con sus deberes militares hasta la muerte, al entregarles el escudo antes de partir hacia el combate, les decían "Vuelve con él o encima de él". Es por esto que las nodrizas espartanas eran muy apreciadas en toda Grecia.

En cambio, la relación con el padre era más fría y distante. Éste llamaba a sus hijos con el apelativo de pais, el mismo término que se empleaba para denominar a los esclavos, siendo esto un reflejo de la absoluta autoridad que el padre de familia ejercía sobre sus vástagos. Las mujeres, en cambio, llamaban a sus hijos con el apelativo cariñoso de teknon, que significa criatura. A pesar de la autoridad paterna, con el tiempo la disciplina paterna se suavizó bastante.

A partir de los seis años, los niños comenzaban a asistir a la escuela y quedaban bajo la autoridad de un pedagogo, quienes podían llegar a ser contratados tan pronto como el niño finalizaba la lactancia y comenzaba a comprender el habla. El pedagogo acompañaba al niño a la escuela y ayudaba en su formación.

Cabe destacar el papel que los niños tuvieron en la religión de la Antigua Grecia, porque simbolizaban la pureza y éste valor era imprescindible para entrar a servir en un templo. Los coros infantiles eran fundamentales en las celebraciones religiosas y solían competir entre ellos en el festival ateniense de las Dionisias urbanas.

En ciertos cultos los niños sirvieron como sacerdotes. Las sacerdotisas de Artemisa eran niñas por debajo de la edad de contraer matrimonio y, en el Peloponeso, el sacerdote de Zeus era elegido entre los niños que habían ganado un concurso de belleza.

Junto a la pureza, el hecho de ser niño conllevaba otro beneficio ritual dentro de la religión griega: no estar contaminado por la cercanía de la muerte. Por este motivo, los niños cortaban las ramas de los olivos sagrados con las que se elaboraban las coronas de los vencedores olímpicos. Estos niños eran aquellos cuyos padres no habían fallecido y, por tanto, mantenían el favor divino.

Algunos niños fallecidos a tierna edad eran venerados como héroes, seres intermedios entre los dioses y los mortales. Se les atribuían grandes poderes, quizá porque habían fallecido mucho antes de la edad natural y habían adquirido, así, un carácter vengativo. 



domingo, 11 de diciembre de 2016

Gran hambruna de 1315

Fue una hambruna generalizada en Europa del Norte, que dio inicio a la crisis del siglo XIV. Marcó el final de la expansión económica y demográfica que se había vivido entre los siglos XI y XIII, denominada óptimo medieval. Se debió a la pérdida de las cosechas debida al mal tiempo que comenzó en primavera del año 1315, fue crítico el invierno de 1315-1316 y duraría hasta el verano de 1317, aunque la situación era mala desde el año 1314 y el restablecimiento de una relativa normalidad agrícola no llegó hasta el año 1320. El invierno de 1317 fue devastador para los rebaños, falleciendo numerosas cabezas de granado y estallando, en el año 1318, una peste bovina que no cesó hasta el año 1320. En el 1319 hubo una buena cosecha, pero durante los años 1320 y 1322 las condiciones climáticas volvieron a ser adversas. Las pequeñas hambrunas localizadas fueron frecuentes en la Edad Media, pero ésta superó a todas las demás en extensión, duración y mortaldad. La escasez condujo a la carestía y, además de consecuencias demográficas (morbilidad y mortalidad elevadas) desencadenó todo tipo de conflictos sociales e incrementó la criminalidad. Se produjeron casos de canibalismo e infanticidio. Las consecuencias en las mentalidades y las instituciones políticas y religiosas, a largo plazo, se mezclaron con las de la Peste Negra.

Una hambruna en la Europa de la Edad Media implicaba la mortalidad masiva por inanición. Estos eran sucesos habituales, tanto en Francia como en Inglaterra. No obstante, en la Corona de Aragón, éste se conoce como "lo mal any primer", en vista de los que vinieron después.

Para gran parte de la población, lo normal era que no hubiera suficiente comida, y la esperanza de vida era corta por la alta mortalidad infantil. Incluso entre las clases altas, que no tenían porqué verse afectadas directamente por el hambre, padecieron sus efectos indirectos, sufriendo un aumento de la mortalidad: los registros de la familia real británica recogen una esperanza media de vida de 29 años.

La gran hambruna estuvo limitada a Europa del Norte, incluyendo las islas británicas, el norte de Francia, los Países Bajos, la Corona de Aragón (zona norte), los Países Bajos, Escandinavia, Alemania y Polonia Occidental. La hambruna quedó limitada al sur por los Alpes y los Pirineos.

Durante el período cálido medieval, anterior al año 1300, la población europea se había visto incrementada a un ritmo elevado y mantenido durante siglos. En algunas zonas se alcanzaron niveles de población que no serían igualados hasta el siglo XIX. De hecho, actualmente aún existen zonas de Francia donde la población actual es inferior a la de comienzos del siglo XIV. Por otro lado, las cosechas de trigo se encontraban en descenso desde el año 1280, lo que obligaba a realizar una estricta restricción de su consumo: por cada semilla plantada se recogían dos y una de ellas era conservada para el cultivo. Los efectos negativos eran inevitables, ya que el incremento de la población fomentaba el cultivo de zonas marginales y poco fértiles, y no se producía una mejora tecnológica que pudiera compensarlo. Consiguientemente, se produjo un alza de los precios.

Entre los años 1310 y 1330 Europa vivió algunos de los peores y más lóngevos períodos de mál tiempo de la Edad Media, con inviernos duros y veranos fríos y lluviosos.

El cambio climático conjuntamente con una población de niveles históricamente desconocidos como consecuencia del crecimiento demográfico mantenido durante siglos, produjo una situación muy vulnerable: incluso las cosechas inferiores a la media implicaban la extensión masiva del hambre. La escasa previsión de la hambruna y de sus efectos no se encontraba al alcance de las instituciones, dado el nivel de desarrollo político y social de la época.

En el año 1315, un período de lluvias inusualmente intenso azotó gran parte de Europa.  A lo largo de la primavera y el verano, las precipitaciones abundantes continuaron, mientras que las temperaturas se mantuvieron bajas. Estas condiciones climatológicas provocaron la pérdida de la mayor parte de las cosechas. La paja y el heno para en ganado no pudo secarse y no hubo forraje para los animales. El precio de la comida comenzó a subir, doblándose entre la primavera y el verano. La sal, el único medio para conservar la carne, era difícil de obtener porque el agua se evapora mucho peor en un clima húmedo. Los precios del trigo se incrementaron en un 320% y la gran mayoría de la población no podía comprar pan. Los almacenes de grano para emergencias solo eran accesibles para la nobleza. La gente comenzó a recolectar raíces, plantas, frutos y cereales silvestres. En una ocasión, Eduardo II de Inglaterra, en agosto de 1315, se detuvo en St. Albans sin que se pudiera encontrar comida que ofrecerle ni a él ni a su séquito; que el rey de Inglaterra no pudiera comer fue un acontecimiento extraño. Luis X de Francia intentó invadir Flandes, pero los campos estaban inundados y el ejército era incapaz de avanzar, ya que contínuamente se quedaban atascados en el barro; finalmente, tuvieron que retirarse y abandonar todos sus suministros.

En la primavera del año 1316 continuaba lloviendo sobre una población cuya energía y reservas se encontraban mermadas. Todas las clases afectadas se vieron afectadas, pero especialmente los campesinos, que representaban el 95% de la población y no tenían reservas de comida. En un intento de aliviar la situación, se sacrificaron animales de carga y se destinó a alimentación el grano reservado para la siembra, los niños eran abandonados a su suerte y algunos ancianos renunciaban voluntariamente a su comida para que la nueva generación pudiera salir adelante. Los cronistas de la época relatan muchos casos de canibalismo.

El peor momento de la hambruna fue en el año 1317, mientras se mantenía el clima lluvioso. Finalmente, durante el verano el clima regresó a la normalidad. No obstante, la población estaba tan debilitada por el hambre y las enfermedades (como la neumonía, bronquitis y tuberculosis), y se había consumido tanta semilla reservada para la siembra, que habría que esperar hasta el año 1325 para que la producción agrícola regresara a un nivel normal y la población volviera a crecer.