lunes, 14 de noviembre de 2011

la mujer celta


Las mujeres celtas vivían en un sistema de igualdad de derechos y deberes como los hombres. Des del nacimiento, ambos sexos eran criados juntos, recibiendo la misma educación cultural y espiritual, compartían sus juegos, así como el aprendizaje de oficios y eran igual de bravas al momento de entrar en guerra.

Entre los derechos, que luego el derecho romano y el cristiano se ocuparon de prohibir (y censurar), estaban:

- El derecho a escoger su esposo, nadie podía imponerle una boda. Las leyes celtas incluían la renovación del contrato matrimonial al año de haberse casado la pareja.
- Existía el divorcio, con repartición de bienes equitativos. Manteniendo cada uno sus bienes propios y repartiendo los que hubiesen incrementado durante el matrimonio.
- El divorcio no era algo vergonzoso o mal visto por el resto de la sociedad, así como el concubinato o lo que hoy conocemos como tener una amante durante el matrimonio.
- Existía la "amistad de los muslos" que consistía en la libre elección de un hombre de su agrado, para mantener relaciones sexuales sin moralinas, ni tapujos y sin conllevar con ello ninguna responsabilidad por parte del uno o del otro. Sin que esto implicase juicio alguno por el resto del clan o tribu.
- La mujer administraba sus bienes, comerciaba, podía iniciar causas legales si fuese necesario.
- Al tener el deber y el derecho de recibir educación, las mujeres, al igual que los hombres, llegaban a ejercer la medicina; y, según su capacidad y vocación, alcanzaban rangos de druidesa, poetisa, legisladora, educadora, jefa familiar, comerciante, instructora en lucha y armas, llegando a obtener el rango jerárquico de "Mujer Sabia".
- Tenían mucha dignidad, eran trabajadoras incansables, alegres de por sí, voluntariosas, porque ello formaba parte de su tradición, al igual que el ser una bravía para enfrentar tanto la dureza del trabajo del campo, cuidado del ganado, sembrado o el rigor de la lucha.
- Poseían la virtud de actuar como fieras ante la adversidad o las obligaciones y, luego, convertirse en seductoras "sirenas encantadoras" a la hora del amor, del descanso o de las fiestas.
- Coquetas por excelencia, obsesivas por su limpieza personal y estética. Expertas en la generación de diferentes cosméticos para dar color a sus pálidos rostros. Tenían especial cuidado en la elección y diseño de sus prendas, que ellas mismas confeccionaban y adornaban, en forma recargada, con los más diversos objetos en piedras, oro o bronce. Excesivas, al igual que los hombres, en el uso de elementos de joyería, como collares, pulseras, anillos y adornos para el pelo.

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