jueves, 27 de septiembre de 2012

Alhajas

Después de la caída del Imperio Romano se siguieron usando las formas y técnicas de la joyería romana. Las tribus bárbaras del este de Europa, hábiles en el trabajo del metal,  supieron combinar las tradiciones romanas (como la filigrana en oro y la forma de fíbula) con la tradición bizantina del alveolado, introduciendo sus propias variaciones regionales. Así, por ejemplo, el broche del alfiler pasó a ser redondo, como los hallados en Francia y Escandinavia. Los broches circulares eran muy comunes en Irlanda y la Bretaña celta. Los principales motivos celtas eran animales estilizados y complicados arabescos.

Se han encontrado numerosas joyas que servían para adornar vestidos y capas, considerándose la orfebrería germánica como una de las más atractivas de la historia. Nos han legado sortijas, pendientes, horquillas, hebillas... joyas que exclusivamente podían lucir las mujeres de la realeza y la clase alta.

Una técnica importante en la joyería medieval es la colocación de finas capas de granate en los alvéolos del metal. Como ejemplo de esta técnica nos quedan las hebillas y broches de la nave funeriaria de Sutton Hoo del siglo VII (British Museum of London) y una corona incrustada con granates y cabujones que perteneció a Recesvinto, Rey de los visigodos, (Real Armería de Madrid).  

A partir del s. XI los broches siguieron siendo una de las alhajas más usadas, como por ejemplo el broche del águila del Siglo XII (Museo de Maguncia, Alemania). Los anillos y colgantes engastados o esmaltados eran otras formas típicas de la joyería de la época. En los siglos XIV y XV los collares y joyeles se  convirtieron en parte integrante del atuendo.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Baddo. Reina de los Visigodos.

Baddo, Bado o Bada (siglo V), reina de los visigodos. Esposa del Rey Recaredo de los Visigodos. De origen plebeyo, estuvo unida a éste en una relación de Friedelehe (unión civil de concubinato), antes de asumir Recaredo el trono, en 586 d. C., y de la que nació Liuva, quien sucedería a su padre como rey.

El matrimonio canónico de Baddo con Recaredo se realizó para complacer a la Iglesia Católica poco antes del III Concilio de Toledo (589), cuando estaba previsto que en dicho concilio el rey haría profesión pública y solemne de abrazar la fe católica y, por consiguiente, también por parte del reino. De la importancia del acto es prueba el hecho de que Baddo fuese la única reina visigoda que firmó las actas de un Concilio.

San Isidoro de Sevilla hace una referencia a que Baddo era ajena a los linajes nobiliarios visigodos, cuando alababa las cualidades de su hijo y sucesor de Recaredo, Liuva II, al lamentar el hecho de que este fuera engendrado de madre innoble.




jueves, 20 de septiembre de 2012

Diaconisas

Este era el término usado en la primitiva Iglesia para significar a las mujeres que poseían dentro del seno de la Iglesia una función muy análoga a la de los diáconos. El nombre de diaconisas era afecto a ciertas mujeres devotas consagradas al servicio de la Iglesia y que hacían a las mujeres los servicios que no podían prestarles los diáconos por decencia: por ejemplo, el bautismo que se realizaba por inmersión.

Estaban también encargadas de la vigilancia de las Iglesias o lugares de reunión de la parte en que estaban las mujeres, separadas de los hombres. Cuidaban de los pobres y las mujeres enfermas. En tiempo de las persecuciones, cuando no se podía envíar a un diácono a las mujeres para exhortarlas y fortificarlas, se les enviaba una diaconisa.

En su comentario sobre los concilios dice que las ordenadas por la imposición de las manos y el concilio in Trullo se sirve de la palabra keyrotoneyn imponer las manos para expresar la consagración de las diaconisas. Sin embargo, Baronio niega que se les impusiesen las manos y que se usara alguna ceremonia para consagrarlas. Se funda en el canon 19 del I Concilio de Nicea (325) que las coloca en el rango de los seglares y que dice expresamente que no se les impone las manos. No obstante, el concilio de Calcediona dice que se las ordenaba a los 40 años y no más pronto. Hasta entonces se las ordenaba a los 60 años, como lo prescribe San Pablo en su primera epístola a Timoteo y como puede verse en el Nomocanon de Juan de Antioquía; en Balsamon, el Nomocanon de Focio y el Código teodosiano y Tertuliano, Develandis Virgin. Este mismo Padre de la Iglesia, en su tratado ad uxorem, habla de las mujeres que habían recibido el Orden de la Iglesia y que, por esta razón, no podían casarse porque las diaconisas eran viudas y no tenían libertad para casarse. Era preciso que no hubieran estado casadas más de una vez para poder ser ordenadas diaconisas, pero después se escogieron también mujeres vírgenes.

El concilio de Nicea coloca a las diaconisas en el mismo rango que al clero. Pero su ordenación no era sacramental. Era una ceremonia eclesiástica. No obstante, valiéndose de esto para destacarse a mayor altura que las de su sexo, el Concilio de Laodicea prohibió ordenarlas en adelante. El primer concilio de Orange en 441, prohibió también, ordenarlas y obligó a las que habían sido ordenadas a recibir la bendición con las simples seglares.

El número de diaconisas era ilimitado. El emperador Heraclio en su carta a Sergio, patriarca de Constantinopla, manda que en la Catedral de esa ciudad haya 40 diaconisas y solo 6 en la de la Madre de Dios que estaba en el cuartel de los Blanquernos.

Las ceremonias que se observaban en la bendición de las diaconisas se encuentran todavía en el eucólogo de los griegos. Se hace más o menos lo mismo para recibir a una diaconisa que en la ordenación de un diácono. Se la presentan primero al Obispo, delante del santuario con un pequeño manto que le cubre el cuello y los hombros, llamado mafiorum. Después de pronunciada la oración de inicación, la mujer hace una inclinación con la cabeza sin doblar las rodillas. El Obispo le impone las manos pronunciando una oración pero todo esto no era una ordenación religiosa sino una ceremonia semejante a las bendiciones de las abadesas.

No se sabe a ciencia cierta cuando cesaron las diaconisas porque no las cesaron al mismo tiempo en todas partes. 


miércoles, 19 de septiembre de 2012

La Peste

La peste es una enfermedad contagiosa que afecta tanto a animales como a humanos, causada por la bacteria Yersinia pestis. Se considera una de las zoonosis reconocidas más antiguas, de las más agresivas y potencialmente letales enfermedades bacterianas.

La peste, a lo largo de la historia, se ha erigido como una enfermedad paradigmática en cuanto a su capacidad de diseminación en una determinada población. Aunque es difícil constatar, se estima que a lo largo de la historia han muerto de peste más de 200 millones de personas, convirtiéndose en la enfermedad infecciosa más letal de todas las conocidas hasta la fecha.

La primera referencia al respecto data del siglo VI d. C. siendo conocida como peste de Justiniano. Procopius describe perfectamente sus características clínicas, su origen y su propagación. El brote se originó en Pelusium, cerca del Canal de Suez, desde donde se propagó hasta Egipto, para posteriormente alcanzar Constantinopla en el año 542. Este patrón de propagación es constante en muchas de las enfermedades producidas en aquel momento, aprovechando para ello el comercio fluvial y de cabotaje existente. Este brote presentó ciclos de mayor y menor letalidad, con fases entre 8 y 12 años, declinando finalmente hacia el año 700. Tuvo importantes repercusiones sociales, religiosas y políticas.

Desde el siglo VIII al XIV Europa estuvo libre de pandémias, quizá debido a la disminución de la población como consecuencia de las pandemias anteriores. El brote de peste mejor documentado de la historia fue el que se produjo en la mitad del siglo XIV, gestándose como un primer intento de guerra biológica. En aquella época la península de Crimea estaba ocupada por tribus de mongoles (tártaros), que mantenían relaciones comerciales con genoveses y venecianos, que a su vez mantenían entre sí una dura pugna comercial. En el año 1340 los tártaros, aliados de los venecianos, se enfrentan a los genoveses, que se ven obligados a refugiarse en la ciudad de Caffa (actualmente Teodosia). Entre los tártaros se desata un brote de peste y las bajas producidas son catapultadas al interior de la ciudad. Al levantarse el sitio, los genoveses diseminan la enfermedad por todos los puertos donde recalan. Según diferentes cronistas, una buena parte de la tripulación de los barcos yacía ya muerta en cubierta al llegar a Constantinopla. Otras naves continuaron el viaje hasta Mesina (Sicília), donde se les impidió entrar, aunque ello no evitó que buena parte de las ratas (que viajaban en el barco) abandonaran el barco y diseminaran la enfermedad entre la población local.

Desde el sur de Italia, la peste, se diseminó hacia el norte, penetrando en Suiza, Baviera y los Balcanes. Otras naves continuaron hasta Marsella, desde donde penetró la enfermedad por toda Francia, España y Portugal. Era tan grande el número de víctimas mortales que el Papa Clemente VI, que tenía su sede papal en Aviñón, consagró el río Ródano para poder echar en sus aguas los cadáveres que no podían ser enterrados. 8 años más tarde, la peste vehiculada por los barcos atravesó el canal de la Mancha y llegó a Inglaterra, y desde allí a Bergen, en Noruega. Toda Escandinavia, Alemania y Polonia fueron infectadas.

Mascarilla que usaban los médicos para tratar a los enfermos de Peste.





martes, 18 de septiembre de 2012

Pudin de Rosas

En la corte del Rey Ricardo II de Inglaterra (El Príncipe Negro) , el pudin de rosas era un manjar muy bien recibido. La sofisticación, tanto en el atuendo como en la comida, era un asunto muy importante para el Rey de Inglaterra. El Joven Ricardo amaba la moda, las joyas y los manjares refinados. Era el primer magnate del que se tenga conocimiento y su fortuna era empleada con todo el rigor que dictaba el buen gusto.

Si en el ámbito de la vestimenta, la nobleza hacía despliegue de sus extravagantes y coloridas ropas, en la mesa el asunto no distaba mucho de ser diferente. Los postres eran teñidos de un espléndido color dorado utilizando azafrán, o bien, eran pintados con rayas de varios colores.

El postre de Pudin de Rosas era un delicado remate que hacía contrapeso a los lujosos manjares consumidos en el banquete.

Ingredientes para 6 personas

  • Pétalos de una rosa blanca bien abierta y fresca.
  • 4 cucharaditas de harina de arroz o maíz.
  • 275 ml de leche.
  • 50 g de azúcar.
  • 3/4 de cucharadita de canela molida.
  • 3/4 de cucharadita de jengibre molido.
  • 575 ml de crema.
  • 1 pellizco de sal.
  • 10 dátiles finamente picados.
  • 1 cucharadita de piñones picados.
Elaboración
  1. Rosas:
    1. Se toman los pétalos de la rosa uno por uno y se les corta el extremo del que estaban adheridos a la flor.
    2. Se escaldan en agua hirviendo durante 2 minutos.
    3. Al sacarlos, debemos prensarlos entre varias servilletas de cocina, poniéndoles algo pesado encima para que se sequen. Es posible que se pongan grisáceos pero al mezclarlos mejorará la apariencia.
  2. La mezcla:
    1. Ponemos la harina en una cazuela y la mezclamos poco a poco con la leche hasta lograr una crema suave.
    2. Cocemos a fuego lento y revolvemos hasta que comience a espesar.
    3. Pasamos por la licuadora el azúcar y los pétalos. Cuando la mezcla sea homogénea se añade la crema y la sal.
    4. Colocamos la mezcla anterior en una cazuela a fuego lento y vamos removiendo hasta que adquiera una consistencia cremosa.
    5. Añadimos los dátiles y los piñones y mezclamos durante 2 minutos

Como servirlo:

  1. Vertemos el pudin en un recipiente decorativo de cristal y lo dejamos enfríar. Para evitar que se forme una capa de nata, lo iremos removiendo de vez en cuando mientras la mezcla se enfria.
  2. Antes de servir se decora el púdin con unos trocitos de dátiles y piñones picados. Podemos incluso agregar una rosa en el centro para decorar.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Agripinila. Agripina la Menor

Julia Vipsania Agripina (posiblemente en Oppidum Ubiorum 15 d. C. - 59 d. C), más conocida como Agripina la Menor para distinguirla de su madre, fue la hija mayor de Germánico y Agripina la Mayor, bisnieta de Marco Antonio y Octavia. Fue además, hermana de Calígula, mujer y sobrina de Claudio y madre de Nerón.

En el año 28 d. C., con 13 años, se casó por primera vez con el cónsul romano Ahenobarbo. Fue éste quien dijo que su futuro hijo: "De la unión de Agripina y yo sólo puede salir un monstruo" y de la unión nació Lucio Dominico Ahenobarbo, conocido como Nerón. En enero del año 40 d. C. a los 25 años de edad y 12 de matrimonio, Agripina enviudó por primera vez.

Cuando su hermano Calígula se convirtió en emperador, ella y sus dos hermanas empezaron a gozar de ciertos privilegios que tan sólo podía tener la familia imperial. Aun estando casada con Ahenobarbo, Agripina mantubo relaciones sexuales con su hermano, al igual que hacían sus hermanas, y se prostituyó con miembros de la corte, como sus hermanas Drusila y Livila, que también estaban casadas.

Los privilegios de los que disfrutaba Agripina empezaron a desaparecer tras la muerte de la hermana preferida de Calígula, Drusila. Tras este acontecimiento, el emperador empezó a sufrir una enfermedad mental que provocó que Agripina perdiera el favor de su hermano.

Ambiciosa como su madre. Agripina quería continuar con esos privilegios que ahora su hermano no le ofrecía. Fue por ello por lo que su amente Getulio Léntulo, su hermana pequeña Livila, el amante de ambas y el cuñado viudo Lépido se unieron a un plan que pretendía recuperar esta forma de vida. Calígula descubrió el complot a tiempo y ordenó la muerte de Lépido y el exilio, previo juicio, de sus dos hermanas.

Separada de su hijo, el cual se quedó en Roma al cuidado de su tía paterna, Agripina inició su exilio con la humillación pública de tranportar las cenizas de uno de sus amantes. Fue así como puso rumbo a la isla de Pandataria.

El asesinato de Calígula y el nombramiento como emperador de su tío Claudio, comportó la vuelta a Roma de Agripina y su hermana. Tras reencontrarse con su hijo, Agripina se casó con Cayo Salustio Pasieno Crispo, su antiguo cuñado y cónsul entre el 27 y 44 d. C. Cuando éste murió, se rumoreó que había sido envenenado.

Cada vez más, Agripina fue teniendo una relación más íntima con su tío, el emperador. Éste, tras descubrir que su mujer Mesalina, la madre de su hijo e hija, le era infiel, decidió ejecutarla y casarse con su sobrina, a pesar que el matrimonio entre tíos y sobrinas era ilegal e incestuoso. El tema se resolvió mediante un acuerdo especial del Senado.

Con 34 años se casó por tercera y última vez con su tío, el emperador Claudio. Además, aconsejó a su hijo que se casara con su nueva hermanastra, Octavia. Una vez obtenido el título de Emperatriz y Augusta, la primera después de Livia Drusila, y de haber obtenido honores y privilegios extraordinarios, Agripina convenció a su marido de que adoptara como heredero a Nerón, hijo de ella, en vez de al hijo biológico de él. Así sucedió. Una vez conseguido su propósito, se dijo que había ordenado que envenenaran a Claudio con hongos, aunque no hay prueba historica de este hecho.

Cuando Nerón ascendió al trono de Roma, Agripina usó a su hijo, con el que se dice que mantenía relaciones sexuales, para gobernar Roma. Nerón soportaba cada vez menos a su madre, amenazándola con abdicar y exiliarse a Rodas. Ella le dio motivos, aproximándose a su hijastro Británico. Tras el asesinato de éste durante un banquete, su influencia disminuyó notablemente y fue invitada a abandonar el palacio imperial.

La llegada de Popea Sabina a la corte imperial como esposa de su hijo fue el final de Agripina. Popea no tardó en darse cuenta de que su suegra influía sobre su hijo para satisfacer sus necesidades. Sabiendo que no era bien recibida por ella, Popea convenció a Nerón para que matara a su madre.

En primer lugar, intentó envenenarla varias veces. Después ideó derribar su habitación mientras ella dormía dentro, pero Agripina descubrió el plan y se enfureció con su hijo. Aprovechando la mala relación existente entre él y su madre, Nerón, la invitó a un barco para reconciliarse. Ella, que aceptó, no imaginaba que la intención de su hijo era hundirlo con ella dentro. De nuevo, Agripina descubrió los planes y huyó a nado. Desesperado, el emperador, acusó a su madre de ser miembro de una conjuración fictícia y fue ejecutada.

Su muerte cumplió una profecía de unos astrólogos caldeos que, cuando Agripina les preguntó si su hijo sería rey, le dijeron: "Será rey, pero matará a su madre". Después de escuchar estas palabras, ella contestó: "Occidat, dum imperet!" ("Que me mate con tal que reine!").

El asesinato de Agripina estuvo siempre presente en la mente de su hijo, el cual dijo haber visto a su espíritu y también a las furias agitando látigos vengadores y antorchas encendidas.

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Livia Drusila

Livia Drusa Augusta, Livia Drusila o Júlia Augusta (57 a.C. - 29 d. C.) tercera esposa de Augusto. Hija de Marco Livio Druso Claudiano, muerto en la batalla de Filipos.

Se caso en primeras nupcias con Tiberio Claudio Nerón, a quien dio dos hijos:

  • Claudio Nerón, futuro emperador de Roma.
  • Druso, Gran General de Roma.
Fue abuela de Germánico y Claudio, bisabuela de Calígula y Agripina la Menor y tatarabuela de Nerón.

Fue deificada por Claudio y recibió el título de Augusta, después de que Tiberio se negase a hacerlo y a ejecutar su testamento, tarea que fue llevada a cabo por Calígula.

En el 42 a. C. su padre la casó con Tiberio Claudio Nerón, su primo, de condición patricia, que luchaba con él en el lado de los asesinos de Julio César contra Octavio. Su padre se suicidó en la batalla de Filipos, junto con Cayo Casio Longino y Marco Junio Bruto, y su marido a continuación siguió luchando contra Octavio, ahora en nombre de Marco Antonio y su hermano. En 40 a. C. la familia se vio obligada a huir de Roma con el fin de evitar las proscripciones octavianas, y se reunió con Sexto Pompeyo en Sicilia, después de pasar a Grecia. 

Livia nació en el 57 a. C. hija de Marco Livio Druso Claudiano y su esposa Alfidia. Su madre, Alfidia, era hermana de Aufidio Lurco.

El diminutivo de Drusila hace pensar que pudiera tratarse de una segunda hija. Contrajo matrimonio con Tiberio Claudio Nerón, primo suyo, de familia patricia. Después de la Guerra Civil que siguió al asesinato de Julio César, Tiberio Claudio Nerón estaba en el bando contrario a Octavio; la familia sobrevivió a la persecución y se encontró con Augusto en el 39 a. c. En aquellos momentos, Livia ya tenía un hijo, el futuro emperador Tiberio, y estaba embarazada del segundo, Druso el Mayor. 

Augusto se enamoró fulminantemente de ella, pues pasaba por ser una de las mujeres más bellas de su tiempo, y se casaron un día después de que sus respectivos divorcios fueran anunciados. Aparentemente, Tiberio Claudio Nerón estuvo de acuerdo con ello y fue a la boda. La importancia del papel de los Claudios en la política de Augusto y en la supervivéncia política de Tiberio Claudio Nerón parecen las explicaciones más racionales para esta tempestuosa unión.

De cualquier modo, el matrimonio entre Livia y Augusto se mantuvo durante 52 años, a pesar del hecho de no tener hijos, y ella siempre disfrutó del privilegio de ser la consejera de confianza de su esposo.

Después del suicidio de Marco Antonio tras la batalla de Accio en el 31 a. C. Octaviano no encontró más oposicion a su poder. Finalmente, y siempre con Livia a su lado, fue nombrado emperador de Roma con el título de César Augusto. Juntos establecieron el modelo de pareja romana. A pesar de su riqueza y poder, Augusto y su familia siguieron viviendo modestamente en su casa del Palatino. Livia fue el ejemplo de la matrona romana: nunca llevó excesiva joyería, ni vestidos pretenciosos, se ocupó de las labores domésticas y de su esposo -en ocasiones tejiendo ella misma sus ropas- aunque intervino activamente en política, siendo considerada la mano derecha de Augusto.

En el 35 a. C. Augusto permitió a Livia administrar sus propias finanzas y le dedicó una estatua pública. Livia tuvo su propio círculo de clientes y colocó a muchos de sus protegidos en puestos oficiales, incluyendo al abuelo de Otón y al mismo Galba. A la muerte de Augusto, Livia logró que Tiberio, su hijo mayor, fuese investido emperador, tras las sospechosas muertes de otros miembors de la familia imperial. Sin embargo cuando murió, Tiberio recibió la notícia con frialdad, y no solo no asistió a los funerales de su madre, sino que prohibió que se le rindieran los honores correspondientes.

María de Luna

María de Luna (1358 - 1406) fue reina consorte de Aragón por su matrimonio con Martín I de Aragón, el Humano.

De entre las reinas consortes de Aragón, María es especial. El pueblo le dio el título de María La Grande, justificado por su prudencia, altas dotes y sus cualidades para gobernar.

María era aragonesa de nacimiento, su família pertenecía a la alta aristocracia aragonesa. Nació en Pedrola (Zaragoza), donde se encontraba la residencia principal de la família, aunque poseían señoríos por todo el reino. Sus padres fueron Don Lope, primer conde de Luna, y Brianda d'Agout. Fue prometida al infante Martín, hijo de Pedro IV el Ceremonioso, cuando todavía no tenía 8 años de edad. En cuanto cumpliese los 8 años, sería entregada a la reina Leonor, para ser educada en la corte.

Su boda se celebró el 13 de junio de 1372, en la Catedral de Santa Eulalia de Barcelona. De este matrimonio nacieron 4 hijos:

  • Martín, príncipe de Gerona.
  • Jaime, muerto en la infancia.
  • Juan, muerto en la infancia.
  • Margarita, muerta en la infancia.
Fue reina de Aragón, condesa de Luna, Duquesa de Montblanc, Señora de Bolea, Berbegal, Loarre, Vall d'Uxo, Segorbe... 

En 1396 ascendieron al trono al morir Juan I El Cazador. Martín se encontraba en Sicilia, por lo que la nueva reina tuvo que actuar como Lugarteniente General ante las pretensiones al trono del Conde de Foix y de la reina viuda Violante de Bar. En 1397, Martín I volvió a Sicília e inmediatamente juró fueros siendo coronada en la Catedral de San Salvador de Zaragoza, realizándose los festejos en Aljaferia.

Fue una mujer noble, pues descendía de la casa de los Luna, caritativa y amante de la justicia, de profundas convicciones religiosas, sin llegar a la superstición, y aficionada a la música y la lectura. Mujer elegante y austera, la pompa y frivolidad de la corte no influyeron en ella, que superaba a su marido en la capacidad de gobierno. Mujer cercana al pueblo, protegió siempre a los más desfavorecidos, ayudándoles económicamente, incluso les eximió de impuestos; defendió a los campesinos de remensa, a las aljamas de moros y judíos de Calatayud y Daroca; intentó poner paz entre los clanes familiares que estaban asolando el reino, incluidos los de su propia familia; escribió varias cartas al Papa, Benedicto XIII, para abolir los malos usos catalanes que consideraba contrarios al derecho humano y divino...

La reina María tuvo una precaria salud. Murió de un ataque de apoplejía en 1406 en Villareal, camino de sus tierras de Segorbe, cuando iba a reunirse con su esposo que se encontraba en Valencia.

En su testamento, redactado en 1404, donaba a los frailes del Santo Espíritu el convento del mismo nombre que ella había promovido para ellos, así como una renta de 5000 sueldos valencianos que se cobrarían de las rentas de Almonacid, aumentada  más tarde en 1500 sueldos que debían destinarse para vestuario y manutención y 500 sueldos más a cobrar de las rentas de Paterna para reparaciones en el edificio.





martes, 4 de septiembre de 2012

Medicina en el Antiguo Egipto

Control de la natalidad.

Había un alto grado de conocimiento del cuerpo humano, en parte debido al proceso de momificación de los cadáveres. Sólo trataban las enfermedades que podían curar, y clasificaban las dolencias de la siguiente manera:

  1. "Esta es una enfermedad que conozco y curaré".
  2. "Esta es una enfermedad que conozco y no curaré"
  3. "Esta es una enfermedad que no conozco y no curaré".
Las normas de aprendizaje y de la práctica médica eran promulgadas por el médico real, es decir el médico del Faraón, que se hallaba en la cúspide de la jerarquía médica: por debajo se encontraban los médicos de palacio, de los cuales uno debía hacer el papel de supervisor.

Los demás eran inspectores médicos y formaban un grupo menos importante. En un escalón inferior se situaban la inmensa mayoría de los médicos prácticos. La formación de los médicos se realizaba en la casa de la vida. Se reclutaban jóvenes estudiantes después de un período de observación, y también se enseñaba a los médicos griegos que llegaban a Egipto para completar su formación, ya que este reino tenía fama de contar con los mejores médicos. Esta formación podía durar 10 años. El sistema educativo descansaba en la pareja maestro-aprendiz.

El lugar y el método de curación dependían de la relación entre el sanador y la religión:

  • Los médicos sun-nu (hombres de los que sufren o están enfermos) ejercían fuera del templo. Lo hacían de manera laica pero según los preceptos del templo. Su dios tutelar era Dyehuty, al que los griegos llamaron Thot. Comenzaban sus prácticas como médicos itinerantes: iban a ver al paciente, y atendían una única clase de enfermedad, es decir, eran especialistas. Sólo el médico con una gran experiencia reconocida llegaba a ser generalista. Después de un período itinerante, el sun-nu podía entrar en un centro de cuidados o ejercer en su residencia.

  • Los médicos uabu-sekhmet ejercían solo en el templo. Para ellos, la medicina estaba totalmente impregnada por la religión, ejercían la magia. Dependían de la diosa Sejmet, diosa de la curación. Eran los médicos del faraón.

  • Los médicos exorcistas, que sanaban por medio de encantamientos y amuletos
Los métodos eran variados: había médicos para todas las partes del cuerpo, para el espíritu, para las mujeres, los hombres, los niños, incluso los había según la estación. Hasta nuestros días ha llegado el caso del médico de ojos, que operaba cataratas, y el de un médico de mujeres que hacía la prueba del embarazo, incluida la predicción del sexo del bebé (papiros de Berlín).

Oculista curando el ojo de un artesano

La medicina estuvo regulada desde tiempos de Imhotep, como testifica una inscripción en una pared de Saqqara, con las reglas éticas que regulan la profesión, bien definidas: el lugar de la instalación de los centros de sanación, la supervisión de estos, supervisión de la actividad del sun-nu, la estimación de su rendimiento, acciones disciplinarias. No le estaba permitido usar métodos terapéuticos que se salieran de la ortodoxia, solo podía usar aquellos que definía la autoridad de los tratados clásicos y, en tal caso, aunque los resultados no obtenidos no fueran buenos estaba libre de todo reproche.

El sistema de diagnóstico está explicado en el papiro Ebers. La secuencia es la siguiente:

  1. Hacer preguntas al enfermo, con orden y paciencia.
  2. Investigar entre sus allegados.
  3. Encontrar la causa directa o indirecta del padecimiento.
  4. Buscar la existencia de antecedentes familiares.
  5. Verificar si el tratamiento es el adecuado.
  6. Preparar un plan de cuidados.
Lo primero que se intenta es impedir el sufrimiento, a continuación detener el avance de la enfermedad, para terminar encontrando su eliminación.

Usaban varios remedios terapéuticos

Terapia con medicamentos

Los había de todo tipo: mineral, vegetal y animal.

  • Minerales:
    • Natrón.
    • Piedra de Menfis en polvo, como anestésico local.
    • Trocitos de cobre.
    • Ocre amarillo, para las quemaduras.
  • Vegetales:
    • Tabaco.
    • Cilantro.
    • Algarroba.
    • Ajo.
    • Cebolla.
    • Resina de acacia.
    • Cebada.
  • Animales:
    • Carne, para curar heridas.
    • Miel, como antiséptico local.
    • Cera.
    • Telaraña, como desinfectante.
    • Grasa de vaca.
    • Leche de burra.
    • Vísceras de cerdo.
    • Etc.
Cirugía

Algunas intervenciones están atestiguadas, así como el uso de analgésicos y anestésicos:

Circuncisión
  • Extraccion de espinas, cuidado de mordeduras.
  • Sutura de heridas.
  • Reducciones de luxaciones de hombro y de fracturas.
  • Cura de heridas de guerra.
  • Intervención por cataratas.
  • Trepanación.
  • Circuncisión.
  • Amputaciones:
    • Postraumáticas.
    • Punitivas


domingo, 2 de septiembre de 2012

Tomates confitados

Los tomates confitados eran un bocado exquisito. Se solía comer con pan, con queso o como guarnición de carnes de caza o de ave.


Ingredientes para 1 kg de tomates


  • 1 kg de tomates maduros.
  • 250 g de azúcar moreno.
  • 2 clavos de olor.
Material

  • Botes esterelizados de boca ancha.
Elaboración

  1. Elegimos tomates bien maduros, sin roturas, picadas ni golpes. 
  2. Lavamos los tomates.
  3. Escaldamos los tomates durante 1 minuto y, con una espumadera, los sacamos y los depositamos en un balde con agua fría.
  4. Desprender la piel del tomate, con mucho cuidado para no estropearlo ni romperlo.
  5. Colocamos los tomates en una cazuela, procurando que no se monten unos con otros.
  6. Añadimos los clavos y cubrimos con el azúcar.
  7. Tapamos con un paño y dejamos reposar 12 horas (toda la noche).
  8. Al día siguiente ponemos la olla al fuego y los cocemos a fuego lento durante 30 minutos.
  9. Apartamos y los metemos calientes en los tarros.
  10. Cubrimos con el almíbar.
  11. Tapamos los botes y los esterelizamos al baño maría.