miércoles, 6 de marzo de 2013

La historia sobre el Martes y 13

El número 13, desde la antigüedad, ha sido considerado como de mal augurio ya que en la Última Cena de Jesucristo, había 12 apóstoles y Jesús. Se considera a Judas, el traidor, como el número 13. La cábala enumera a 13 espíritus malignos, al igual que las leyendas nórdicas; en el Apocalipsis, su capítulo 13, corresponde al anticristo y a la bestia. También una leyenda escandinava cuenta que, en una cena de dioses en el Valhalla, Loki, el espíritu del mal, era el 13 invitado. En el Tarot, este número hace referencia a la muerte y la desgracia eterna y para otra vida.

La muerte del Rey Jaime de Aragón y el destrozo que sus tropas sufrieron en Luxen, un martes, provocó que desde entonces el vulgo comenzó a llamar a aquel día, que era martes, de mal agüero y aciago.

Además, el martes 29 de mayo de 1453 cayó la ciudad de Constantinopla. Según parece, el Papa y las Repúblicas de Venecia y Génova, enviaron una flotilla de ayuda a la ciudad sitiada, pero ésta caería antes de que llegaran. Cuando la flota de socorro iba a entrar por el estrecho de Dardanelos, se cruzaron con algunos barcos de refugiados que huían de la ciudad conquistada; al preguntar cuándo había caído, estos respondieron que el martes. La caída de Constantinopla supuso un profundo trauma para las potencias cristianas, y el día de su caída, el martes, asociado además al dios de la guerra pagano, pasó a considerarse de mala suerte.

Martes es una palabra que deriva del nombre del planeta Marte, que en la Edad Media lo llamaban "el pequeño maléfico" y que significa voluntad, energía, tensión y agresividad. Marte es el dios de la guerra, por lo cual el día martes está regido por el planeta rojo, el de la destrucción, la sangre y la violencia. Además, la leyenda dice que un martes 13 se produjo la confusión de lenguas en Babilonia.



viernes, 1 de marzo de 2013

Embalsamamiento

En el antiguo Egipto enterraban, inicialmente, a sus fallecidos en la arena caliente del desierto, en recipientes con hierbas aromáticas, lo que provocaba que los restos se desecaran muy rápido, previniéndolos de la descomposición; posteriormente eran sepultados. Más tarde, comenzaron a construir mastabas de adobe y a idear el proceso de la momificación y los rituales asociados a ella, que dieron origen a los ritos funerarios.

Se creía que el espíritu humano era inmortal, de manera que con la momificación, se preservaba la identidad del individuo en el más allá, de acuerdo con sus costumbres. Para pasar con éxito el Juicio de Osiris, el cuerpo debía conservarse intacto. 

Aprendieron a extraer del cuerpo los órganos, la sangre y todo aquello que facilitara su descomposición, al final lo enterraban en la arena del desierto y, después de un tiempo, empezaron a tratarlo con natrón. El natrón era mucho más caro y esto hizo que hubiera 2 tipos de enterramientos: los de los que poseían pocos bienes y los de aquellos que eran ricos, o lo suficiente como para permitirse una especia tan rara como el natrón. Uno de los peores castigos era tirar el cuerpo al agua o arrojarlo al fuego, haciendo imposible la inmortalidad de esa persona.

Además debían portarse bien en vida, eso se comprobaba con una balanza en la que se colocaba el corazón (los actos) y la pluma (la justicia), si el corazón pesaba lo mismo o menos que la pluma se le otorgaba la inmortalidad, si era lo contrario, su corazón era devorado por Ammyt (la que destruye los malvados).

El embalsamamiento egipcio alcanzó su máximo desarrollo alrededor de la IV dinastía. Casi todas las vísceras eran retiradas, excepto los riñones y el corazón, y la cavidad corporal se trataba con una disolución de natrón. Después, el cuerpo se recubría completamente con natrón pulverizado.

La persona encargada de efectuar el corte inicial del cuerpo con un cuchillo de piedra, a un lado del abdomen, era elegida en una ceremonia y, posteriormente, sometido a un ritual de persecución y lapidación, ya que constituía una ofensa dañar el cuerpo del faraón, incluso después de su muerte física.

Después de extraer el cuerpo del natron era recubierto, por dentro y por fuera, con resina, se envolvía con vendajes de lino, engarzando escarabeos, amuletos y otros talismanes religiosos. En el caso de la realeza, eran colocados en una serie de ataúdes jerarquizados, siendo el exterior un sarcófago de piedra. Los intestinos, pulmones, hígado y estómago eran preservados por separado y almacenados en los vasos canopos, quedando así protegidos por los 4 Hijos de Horus.


Momia egipcia
Descubriendo el sepulcro de Tutankamón