viernes, 19 de abril de 2013

Los Hospitales medievales

La organización sanitaria de España fue, durante la edad media, una de las más importantes del mundo occidental. Los centros hospitalarios cubrían, como una tela de araña, todo el territorio de la Península Ibérica, con un elevado número de centros entre albergues, casas de beneficiencia y hospitales. A consecuencia de fusiones de varios establecimientos en las grandes poblaciones, o por abandono y destrucción a lo largo de la historia, actualmente muchos de estos centros se encuentran en abandono total, o ya no existen; no obstante, estamos en deuda con estas instituciones benéficas, que supieron paliar los efectos de las grandes plagas y epidemias de la época medieval, además de hambrunas y guerras.

El hambre, la lepra y la Peste Negra, fueron los grandes verdugos de la sociedad occidental europea durante el periodo medieval. Ni el señor feudal, ni el burgués, el siervo, el artesano y el campesino, disponían de protección ante la amenazadora presencia del mal, y España no fue una excepción. Ante el desarrollo de estas enfermedades, se acordó la creación de un mínimo de instalaciones hospitalarias.

A partir del siglo XI, al hacerse masiva la peregrinación a lugares sagrados, los monasterios se vieron desbordados por tal afluencia, hasta el punto de tener que atender en todos los momentos del día a los caminanes, lo que impidió el normal desarrollo de la vida monástica. La solución llegó con la fundación de hospitales (en este caso, el hospital es un lugar donde se practica la hospitalidad), instituciones muchas veces dependientes de un monasterio. Las cofradías de peregrinos también fueron las entidades que más incentivaron las fundaciones de estas instituciones benéficas.

El hospital medieval cumplía 3 funciones básicas: hospicio para los mendigos, hostal para los peregrinos y atención a los enfermos; pero también estos establecimientos se convirtieron en centros humanitarios de recogida de niños abandonados, dramática situación social que se hizo muy preocupante a consecuencia de las epidemias, las hambrunas y las guerras.

En Cataluña, esta organización hospitalaria cubría las zonas de mayor tránsito de la geografía Española: desde el Mediterráneo hasta Aragón, y desde el Ebro hasta Occitania. De esta forma, aparecen erigidos en las principales villas (Barcelona, Tarragona, Lleida, Tortosa, Reus, Manresa, Vic...); en las vías de comunicación más frecuentadas (Cervera, Calaf, Olesa de Bonesvalls, Solsona, Santapau...); al borde de rutas interiores de paregrinaje (que eran desviaciones de los caminos tradicionales a Compostela, por el Pirineo, que enlazaban con los grandes centros monacales, especialmente cistercienses y benedictinos); hospitales creados en los pasos de montaña, fruto de la acción altruista de órdenes religiosas, por legados nobiliarios, subvenciones reales, etc (Coll de Balaguer, Coll de Puimorens...). Se pueden clasificar estos centros benefactores de la sociedad en 2 grupos:

1. Por su situación geográfica: ciudad, campo, calzada de peregrinaje, litoral...

2. Por su finalidad: leprosería, albergue, tratamiento específico contra la Peste, la lepra, ergotismo o fuego de San Antonio...

El concepto de albergue remite a que, al caer la noche, las ciudades cerraban sus puertas, quedando los caminantes foráneos con la necesidad de refugiarse en los alrededores o, en el peor de los casos, a cielo abierto. Con este fin fueron creados algunos edificios que cumplieron adecuadamente su doble misión: hospital y albergue.

Desde el siglo XII al siglo XV, se vivió en toda España una verdadera fiebre constructora de centros hospitalarios, impulsada principalmente por las terribles epidemias que asolaban al mundo occidental, y las profundas desigualdades sociales. Además, desde un primer momento, los problemas de espacio fueron una constante en la vida del hospital.
















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