sábado, 28 de noviembre de 2015

Extrañas supersticiones de la Edad Media

Las supersticiones de la Edad Media se iniciaron durante los tiempos del paganismo y los ídolos, y terminaron bajo la sombra de las hogueras en las que fueron incineradas miles de mujeres consideradas brujas.

En el matrimonio


El matrimonio se consideraba el acontecimiento fundamental en la vida de la gran mayoría de las mujeres. La joven que deseaba conocer a su futuro esposo debía tender frente a su puerta el primer hilo que hubiera tejido ese día. El primer hombre que rompiera el hilo tendría el mismo nombre que su marido.

Si una joven virgen se casaba con un hombre virgen, el primer hijo de la pareja tendría una incapacidad mental, y lo mismo ocurría si una viuda se volvía a casar con un hombre virgen.

Otra superstición recomendaba a las muchachas que no comieran cerezas junto a sus enamorados, pues quien comiera la última sería el último en casarse.

En la vida conyugal:


Muchas de las prácticas supersticiosas llevadas a cabo en la Edad Media estaban relacionadas con la convivencia conyugal. Una de ellas afirmaba que si la mujer dudaba de la fidelidad de su marido, lo único que debía hacer era atar las cuatro patas del gato de la casa, untarlas con manteca y dejarlo ayunando durante 2 días y, después, alimentarlo con pan remojado en la orina del marido. De esta forma, se creía que el marido nunca le sería infiel y el amor sería eterno.

Para saber si una mujer estaba embarazada se debía orinar en una palangana y introducir una llave o un picaporte. Si pasadas 3 o 4 horas el fondo de la palangana mostraba una marca del objeto, la mujer estaba embarazada.

Durante el embarazo se prohibía que la mujer comiera cabezas de pescado, pues se creía que el bebé nacería con la boca defectuosa. Otra superstición muy común establecía que si el hombre engendraba sus hijos con los pies sucios, el hijo tendría mal aliento.

En los bebés:


Las supersticiones aseguraban diferentes formas de elegir el sexo del hijo deseado. Si se buscaba un hijo varón, la mujer debía mantener las manos cerradas durante el coito, que también se debía llevar a cabo por la mañana. No obstante, si lo deseado era una niña, la mujer debía mantener las manos abiertas durante el coito y éste debía realizarse a la luz de la luna.

También existía una superstición que aseguraba que si la mujer embarazada prefería comer carne de caza y escuchaba con gusto conversaciones sobre torneos, duelos y guerras tendría un hijo varón. No obstante, si prefería comidas suaves y pan, escuchaba música y cosas alegres, seguramente tendría una hija.

Si se deseaba que el recién nacido fuera valiente de forma inmediata, después del bautismo, el padre debía empuñar su espada con la mano derecha. En cambio, si se deseaba que el niño fuera cortés, antes de amamantarlo se le debía dar una manzana asada.

También se creía que se debía ir con gran cuidado de no pasar por encima del bebé, porque sino se detendría el crecimiento del niño.

En la salud:


En la Edad Media algunas supersticiones unían la religión con lo profano. Se consideraba que para curar fiebres continuas se debía tomar una hoja de salvia, escribir sobre ella las 3 primeras palabras del Padrenuestro y comerla tres mañanas seguidas.

Para aliviar el dolor de muelas se aconsejaba arrojar al fuego los huesos después de comer.

Se creía que se podían contraer enfermedades muy graves si se orinaba en la fachada de una iglesia o monasterio, el malhechor podía padecer una apoplejía o cálculos renales. Si una mujer contraía el sarampión, debía beber agua bendita que hubiera sido bendecida en domingo.

Existían supersticiones que aseguraban que si de noche se dejaba el mantel puesto sobre la mesa y venían los ratones a comer las migajas de pan que quedaron allí, los dientes del que comía al día siguiente se ponían negros y se caían.

Si había alguien enfermo en la casa y un cuervo graznaba sobre la chimenea o sobre la casa en cuestión, era señal de que el enfermo moriría pronto.


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jueves, 26 de noviembre de 2015

Aurembiaix de Urgel. Condesa de Urgel y amante real.

Aurembiaix I de Urgel (Balaguer 1196 - 1231), fue hija del Conde Ermengol VIII de Urgel y de Elvira Núñez de Lara. Se casó en primeras núpcias (año 1212) con el ricohombre castellano Álvaro Pérez de Castro, pero 16 años más tarde el matrimonio fue anulado. En segundas nupcias, se casó con el Infante Pedro de Portugal, hijo del rey Sancho I de Portugal. De esta unión no tuvo hijos.

Después de fallecer su padre, en el año 1209, heredó el Condado de Urgel mientras que la regencia, cedida por su madre, quedó en manos del rey Pedro I de Aragón (apodado El Católico). Indefensa ante las turbulencias que asolaban su condado, su línea de sucesión fue cuestionada y se planteó su sustitución en beneficio de la Casa de Cabrera. Éste vacío de poder fue aprovechado por Gerau de Cabrera, quien se apoderó del Condado de Urgel por la fuerza. Al mismo tiempo, la monarquía que debía defender el condado, luchaba por recuperar sus derechos ante la nobleza feudal.

Se instaló junto a su madre en tierras castellanas hasta la muerte de su madre, hacia el año 1220, quien le cedió todos los derechos sobre el condado de Urgel que le había sido arrebatado por Cabrera. En el año 1212 se casó, en primeras nupcias, con Álvaro Pérez de Castro, cuñado de Guerau IV de Cabrera y instaló su residencia en Toledo. Su entonces marido actuó en varias campañas militares al lado del rey Fernando III El Santo y se tuvo que refugiar entre los musulmanes, en Al-Andalus, como consecuencia de las continuas luchas entre las famílias Lara y Castro, alejando a ambos cónyuges.

Mientras, con un Jaime I de Aragón aún pequeño (con quien Aurembiaix había estado comprometida) sus consejeros reconocieron la apropiación del condado por parte de Guerau de Cabrera, tal y como consta en el Tratado de Montsó del año 1217. En el año 1222, aunque su herencia materna no dejaba lugar a duda sobre sus derechos, el mismo rey Jaime I de Aragón le reconocía a Guerau de Cabrera el Condado de Urgel en virtud del Tratado de Terrer, siempre que ésté no fuera reivindicado por Aurembiaix, en cuyo caso debería aceptar la decisión real.

En el año 1228 el matrimonio, sin hijos, era anulado como consecuencia del parentesco entre ambos cónyuges, ambos primos segundos por línea materna. Entonces, aconsejada por su padrastro, Guillermo de Cervera, ella se trasladó a Lleida y reivindicó sus derechos sobre el Condado de Urgel ante el rey Jaime I de Aragón. Después de las negociaciones y el pacto entre las partes, que implicaba que Aurembiaix tuviera el Condado de Urgel en feudo, fue necesario que el rey emprendiera una campaña militar que devolvió a la familia Cabrera al Vizcondado de Àger. A finales de aquel año se firmó un controvertido contrato de concubinaje entre el rey Jaime I de Aragón y la condesa Aurembiaix de Urgel. No obstante, un año más tarde, Aurembiaix se casó, en Valls, con el Infante Pedro de Portugal, hijo del rey Sancho I de Portugal, emparentado con las famílias Castro y Cabrera.

Dos años más tarde, en 1231, Aurembiaix fallecía sin descendencia y dejaba el condado en manos de su marido quien, más tarde, lo intercambió con el mismo Jaime I de Aragón por el feudo del Reino de Mallorca. Poco tiempo más tarde, nuevamente los Cabrera se hicieron con el Condado de Urgel con el apoyo de la nobleza residente en esas tierras, y así comenzaba una nueva dinastía para el Condado de Urgel.


lunes, 23 de noviembre de 2015

Esclavitud en la Antigua Roma

A lo largo de la historia del Imperio Romano y su dominio sobre el Mediterráneo, Europa, África y Asia, la sociedad romana fue muy esclavista y tanto su economía como su estructura social estaba basada en un sistema  de clases donde los esclavos formaban parte del estrato más bajo de la sociedad.

Condiciones de vida.


Los esclavos podían ser vendidos en subasta pública o por venta privada en el caso de los esclavos más valiosos. La trata de esclavos estaba supervisada por los Cuestores, una especie de funcionarios fiscales

Los esclavos podían estar expuestos en soportes rotativos, para ser mejor observados, y junto a cada esclavo se encontraba colgada una especie de placa en la que se describía su origen, su salud, su carácter, su inteligencia, su educación y otra información de interés para los compradores. Durante la venta, los esclavos eran despojados de toda su dignidad y expuestos desnudos para apreciar mejor sus cualidades. El precio de los esclavos variaba según su edad y calidad, siendo los niños esclavos más baratos que los adultos, y entre estos últimos los más valiosos alcanzaban precios exorbitantes. Como garantía, el vendedor estaba obligado a reemplazar con un esclavo nuevo dentro de los seis meses tras la compra, si el esclavo presentaba defectos ocultos que no habían sido manifestados durante la venta.

La calidad de vida del esclavo dependía del tipo de trabajo que se le asignaba. Para un esclavo ser destinado a las minas era una sentencia de muerte lenta. Los esclavos agrícolas generalrmente, tenían una mejor calidad de vida que los esclavos mineros. En cambio, los esclavos domésticos de las familias ricas de Roma disfrutaban de un nivel más alto de vida junto con los esclavos públicos, los cuales no estaban sometidos a los caprichos de un solo amo. A pesar de que su alojamiento y comida eran de una calidad inferior a la de los miembros libres de la familia, su calidad de vida era equiparable a la de muchos ciudadanos romanos libres pobres. Los esclavos domésticos podían trabajar como peluqueros, cocineros, mayordomos, limpiadores, enfermeros, maestros, secretarios y costureras. Los esclavos que habían recibido una mejor educación y que poseían una mayor inteligencia podían ejercer de contables,  maestros y médicos.

Los esclavos de ciudad podían tener su propia familia y una gran autonomía. Podían obtener la manumisión de varias formas:

  • En su propia muerte, cuando su amo lo manumitía para que tuviera un entierro digno de un ciudadano libre.
  • Con la muerte de su amo, en cuyo testamento manumitía a sus esclavos como muestra de generosidad. De este modo, les dejaba alguna propiedad o dinero.
  • Comprando su propia libertad, ya que el esclavo que era intermediario en los negocios de su amo, podía recibir un peculio.
  • Por declaración ante un magistrado. Amo y esclavo defendían su libertad ante el magistrado de de la ciudad. Si ésta era aceptada, al esclavo se le ponía un bastón sobre la cabeza como señal de emancipación.
Muchos esclavos emancipados permanecían en las casas de sus antiguos amos, llevando a cabo las mismas tareas domésticas pero con mayor dignidad.

En la Antigua Roma, los esclavos eran propiedad absoluta de su amo, quien podía hacer con ellos lo que le viniera en gana. Un esclavo carecía de personalidad jurídica, de bienes e incluso de familia propia. Los esclavos romanos no tenían derecho al matrimonio, a ejercer la maternidad o la paternidad de sus hijos, ni a la propiedad. Los hijos de los esclavos eran arrebatados a sus madres  y vendidos. A pesar de todo, un esclavo, mediante la potestas, podía adquirir para su amo toda clase de propiedades e incluso solicitar un crédito.

Cabe destacar aque recién finalizado el Siglo II d. C. a los esclavos les fue permitido ejercer el matrimonio.

En el hogar, el esclavo ayudaba a su amo a ponerse la toga, pues era una labor muy complicada. Los esclavos domésticos eran los encargados de recibir a los invitados, recogerles la toga y los zapatos y ofrecerles un baño caliente o un lavado de pies. Los esclavos más bellos y de mejores modales, servían la comida ataviados con túnicas de vivos colores, que contrastaban con sus cabelleras, en las cuales los comensales se solían secar las manos. Los esclavos más agraciados servían el vino y cortaban los manjares mientras que los menos agraciados limpiaban los platos y recogían las mesas. A cada invitado se le adjudicaba un esclavo que permanecía a sus pies. Los que nacían con la condición de esclavos y recibían una educación, eran considerados privilegiados entre los esclavos. A pesar de esto, ningún esclavo tenía permiso para acceder a las representaciones teatrales.

En la Antigua Roma, a los esclavos se les solía poner un collar con una placa en la que se podía leer "Tenemnene fucia et revo cameadomnum et viventium in aracallisti" (Detenedme si escapo y devolvedme a mi dueño).

Algunos esclavos recibían la consideración de personas libres, ya fuere por el cariño que les profesaban sus amos o por el trabajo intelectual que llevaban a cabo. Esto solía suceder con los esclavos procedentes de la Antigua Grecia, los cuales eran considerados de mayor educación que los esclavos romanos. Los esclavos procedentes de Grecia servían como secretarios, administradores o educadores. Cabe destacar que en el Siglo III d. C, se comenzó a reducir el comercio de esclavos y éstos comenzaron a ser valorados casi como personas libres. De hecho, el emperador Diocleciano, fue hijo de un esclavo que había comprado su propia libertad.


A partir del Siglo VI d. C. los esclavos libertos fueron considerados ciudadanos sin derecho alguno, procedentes de la esclavitud. Si éstos no conservaban los lazos de fidelidad con su antiguo amo, eran llamados libertos ingratos. Estos esclavos libertos ejercían la tarea de comerciantes, artesanos, maestros, gramáticos, banqueros y médicos.

viernes, 20 de noviembre de 2015

Esclavos en la Antigua Grecia

En la Antigua Grecia, los esclavos fueron un componente esencial para el desarrollo económico y social. Los griegos consideraban la esclavitud como un hecho natural y una realidad indispensable.

Generalmente, no existían actividades propiamente dichas destinadas para los esclavos. Cualquier actividad podía ser llevada a cabo por un esclavo, excluyendo la política que estaba reservada para los ciudadanos libres.

La principal actividad en la que se empleaban esclavos era la agricultura, algo muy imprescindible para la economía griega. Los pequeños propietarios podían tener como máximo un par de esclavos. Cuando la explotación agraria superaba la célula familiar, se recurría a mano de obra esclava aunque no existía la inmensa población de esclavos de los latifundios romanos.

La gran mayoría de la mano de obra empleada en minas y canteras eran esclavos, los cuales muchas veces eran alquilados por particulares ricos. La esclavitud era una de las inversiones más apreciadas, sobretodo, por los ciudadanos atenienses.

Los esclavos también eran una mano de obra barata muy empleada en la artesanía, siendo su proporción mucho más importante en los talleres de artesanía que en cualquier otra actividad económica

Por último, también eran muy empleados en las casas. El esclavo tenía como labor principal sustituir al dueño de la casa en su trabajo y acompañarlo en los viajes. En tiempos de guerra, el esclavo servía como escudero del hipolita. La mujer esclava se ocupaba de las tareas domésticas, especialmente de la elaboración de pan y de la elaboración de tejidos. Únicamente las familias más pobres carecían de esclavos domésticos.

Aprovisionamiento de esclavos


Botín de guerra


En el derecho de guerra de la Antigua Grecia, el vencedor posee todos los derechos sobre el vencido, haya participado en el combate o no. La mayor parte de las veces, los vencidos eran esclavizados por los vencedores.

La existencia de esclavos griegos era una fuente de molestias constante para los ciudadanos griegos libres. Este tipo de esclavitud era una práctica muy contestada. Algunos generales griegos la rechazaban. Existían ciudades griegas que aprobaron acuerdos prohibiendo esta práctica. La liberación de una ciudad entera reducida a la esclavitud aportaba un gran prestigio a los generales griegos.

Piratería 


La importancia de la piratería y el bandolerismo variaba según la época y las regiones. Tanto los piratas como los bandoleros pedían un rescate cuando su prisionero era de alta cuna. Cuando su rescate no era pagado, o el prisionero no era rescatado, era vendido a un traficante de esclavos. Así pues, ningún hombre libre estaba a salvo de caer en la esclavitud. En algunas regiones de la Antigua Grecia, la piratería y el bandolerismo eran verdaderas especialidades nacionales, como en el caso de Creta o Acarnania. La creciente influencia del Imperio Romano, gran comprador de esclavos, desarrolló el mercado de la esclavitud y agravó la piratería

Comercio


Existía un comercio de esclavos con los pueblos bárbaros vecinos: escitas, capadocios... Los traficantes de esclavos locales vendían a los esclavos en mercados específicos. Los principales centros de venta de esclavos eran Éfeso, Bizancio y Tanais. Algunos de éstos esclavos bárbaros eran vendidos como víctimas de un botín de guerra o de piratería, mientras que otros eran vendidos por sus propios parientes.

En la Antigua Greica, el señor era el que ponía el nombre a sus esclavos. Éstos podían llevar el de su amo, un étnico, el nombre de un lugar (Asia, Lydos, etc.), un nombre seguido de su patria de origen, el nombre de un personaje histórico, etc. 

La nacionalidad del esclavo era un criterio imprescindible para los compradores más pudientes. De hecho, se aconsejaba que en un mismo lugar no se debían concentrar demasiados esclavos de la misma nacionalidad, con el objetivo de minimizar los riesgos de una revuelta. Como en el Imperio Romano, en la Antigua Grecia, algunas nacionalidades eran mejor valoradas como esclavos.

El precio de los esclavos variaba en función de sus competencias. Así pues, un esclavo minero podía valer unos 180 dracmas, mientras que un esclavo cuchillero podía valer entre 500 y 600 dracmas. El precio también variaba en función de la cantidad de esclavos disponibles para la venta. En el siglo IV a. C., los esclavos abundaban y, por tanto, eran muy baratos. En los mercados de esclavos la ciudad cobraba un impuesto sobre el "producto" de la venta. Además, el comprador se beneficiaba de una garantía contra los "vicios ocultos" del esclavo: si el esclavo estaba enfermo y el comprador no había sido advertido, éste último podía anular la venta y devolverlo.

El aumento natural


En la época clásica, los griegos no practicaban la "cría" de esclavos. La proporción de los nacidos en una casa era bastante importante en el Egipto ptolemaico y en los actos de emanicipación de la ciudad de Delfos. A veces, la causa de ello era natural: en las minas solo trabajaban esclavos del género masculino. No obstante, las mujeres esclavas eran muy numerosas en el ámbito doméstico.

Para evitar que los esclavos se reprodujeran entre ellos, se aconsejaba alojar a los esclavos hombres y mujeres de forma separada. Se consideraba que la reproducción de los esclavos era un medio de presión disciplinar. Además, el parto podía poner en riesgo la vida de la madre esclava y el bebé no tenía asegurado sobrevivir hasta la edad adulta.

Por otra parte, los esclavos nacidos dentro del ámbito doméstico consitutían una clase privilegiada. Se les confiaba, entre otras tareas, el encargo de llevar a los niños a la escuela y eran sus pedagogos. Muchas veces, estos esclavos domésticos eran hijos del amo y en la mayoría de las ciudades, sobretodo en Atenas, el niño heredaba la condición de esclavitud de la madre.

El caso de los esclavos de Atenas


En Atenas los esclavos no tenían ningún derecho. Un delito merecedor de una multa para un ciudadano libre da lugar a latigazos para un esclavo. El testimonio de un esclavo no era admisible salvo que éste se produjera bajo tortura. El esclavo no estaba protegido por la ley, no obstante si alguien lo maltrataba, su amo podía intentar una acción por daños y perjuicios. En cambio, si el esclavo recibía un excesivo maltrato por parte de su amo, cualquier ciudadano podía perseguir a éste último; esto no era una cuestión de piedad hacia el esclavo, sino una reprobación hacia toda forma de exceso. Incluso la muerte de un esclavo era la mancha del asesino que la había causado. El sospechoso era juzgado por el tribunal del Paladión, y la pena prevista era el exilio.
 

El caso de los esclavos de Gortina


En Gortina, el esclavo se encontraba en un estado de dependencia muy amplio. Los hijos del esclavo pertenecían a su amo y éste era responsable de todos los delitos de su esclavo y lo mismo sucedía a la inversa. En Gortina, un esclavo tenía dos montantes duplicados cuando cometía un delito. Un delito cometido contra un esclavo por un ciudadano libre era mucho más barato que uno cometido contra un hombre libre. Así pues, para poner un ejemplo, la violación de una mujer libre por un esclavo estaba penado con una multa de 200 estateros, mientras que la violación de una mujer esclava no virgen estaba penada con una multa de 1 óbolo (mucho más barata).

A pesar de todo, el esclavo tenía el derecho de poseer un hogar y ganado, unas posesiones que podían ser transmitidas a sus descendientes, incluso las ropas y objetos necesarios para el hogar. La familia del esclavo estaba reconocida por la ley y, de esta forma, podían casarse, divorciarse, escribir un testamento y heredar como lo hacía cualquier ciudadano libre.

Emancipación de esclavos


En la Antigua Grecia, las emancipaciones informales eran atestiguadas ante dos testigos y se podía llevar a cabo en cualquier lugar de la ciudad, lo que provocó que esta práctica fuera prohibida en Atenas, con el objetivo de evitar disturbios en el orden público.

Existen casos de emancipación colectiva. Un ejemplo de esto se da en la ciudad de Tasos, en el Siglo II a. C, durante un período de guerra, para agradecer a los esclavos su fidelidad hacia la ciudad.

En la mayoría de los casos se trataba de un acto voluntario por parte del amo, ya fuera un hombre o una mujer libre. En este caso, el esclavo no tenía voz ni voto y las mujeres no se beneficiaban más que los hombres. El esclavo a menudo era rescatado con una compensación económica equivalente a su valor inicial. Por ejemplo, en el caso de una hetera, sus amantes podían reunirse para pagar su rescate o pedir su emancipación a su amo

A menudo, la emancipación de esclavos era de naturaleza religiosa: el esclavo podía ser vendido a una divinidad, generalmente al dios Apolo, o era consagrado después de su emancipación. En este caso, el templo percibía una parte de la suma pagada en el rescate y garantizaba la validez del contrato. La emancipación también podía ser totalmente civil, en ese caso los magistrados de la ciudad desempeñaban el papel de la divinidad y percibían un impuesto.

La emancipación del esclavo podía ser total o parcial, a disposición del amo. En el primer caso, el esclavo emancipado recibe protección jurídica contra toda tentativa de volver a reducirlo a la esclavitud. En el segundo caso, el esclavo emancipado puede ser obligado a someterse a un número de obligaciones hacia su antiguo dueño. 

Respecto a sus derechos como ciudadano, el esclavo emancipado no es considerado igual que un ciudadano libre por nacimiento. El esclavo emancipado siempre se encuentra sometido a un gran número de obligaciones como: presentarse tres veces al mes en el domicilio de su antiguo amo, la prohibición de hacerse más rico que éste, etc. De hecho, el esclavo emancipado no era considerado un griego, y sus derechos se parecían más a los de un meteco.

La condición de los esclavos


El diario del esclavo se resumía en tres palabras trabajo-disciplina-comida. Los esclavos eran tratados como animales domésticos, eran castigados en caso de desobediencia y premiados en caso de buena conducta. Aristóteles, por su parte, aconsejaba tratar a los esclavos como niños y recurrir a las ordenes, pero también a las recomendaciones pues el esclavo, después de todo, era capaz de comprender las razones que se le daban (obra Política).

La flagelación era un método muy empleado para presionar al esclavo para que trabajara más y comiera o descansara menos. Esta forma de violencia podía ser llevada a cabo por el amo, el intendente u otro esclavo.

La condición de los esclavos variaba según su estatus: el esclavo minero vivía en unas condiciones muy penosas, mientras que un esclavo de ciudad gozaba de una relativa independencia. El esclavo de ciudad podía vivir y trabajar solo, mediante el pago de una renta periódica a su amo. El esclavo de ciudad podía llegar a reunir dinero para comprar su propia libertad

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