miércoles, 17 de febrero de 2016

Mujeres médico en la Baja Edad Media Española

Se sabe que en la Baja Edad Media existían mujeres que ejercían de médicos en la Corona de Aragón. Entre las mujeres que se dedicaban a ofrecer asistencia sanitaria destacan, claramente, las ginecólogas y parteras, entre las cuales tenían más prestigio aquellas mujeres que eran de orígen judío, cinco de las cuales fueron médicos de la família real. Se conoce también el nombre de la cirujana real, Cahut de Valencia, documentada en el año 1332. Igualmente se conocen otras mujeres judías autorizadas para ejercer de médicos, por orden expresa del rey Pedro III de Aragón. Entre estas mujeres médico destacan: Ceti de Valencia, Floreta Sanoga, Bellaire de Lérida, Plana de Lérida, Reginó de Barcelona y Bonanda de Valencia.

De los tiempos de Juan I de Aragón, a finales del siglo XIV, se conoce el caso de Francisca de Barcelona, viuda del marinero Berenguer Sa Torra; Blanca de Barcelona y Rebeca Delofeu. Estas mujeres además de atender a los partos, tenían autorización para prescribir medicamentos y tratar todo tipo de patologías en mujeres, hombres y niños.

En tiempos del rey Martín el Humano, en el año 1407, se encuentra documentada Margarita Tornerons, una famosa y reputada cirujana de la ciudad de Vich. Años después, se pueden encontrar documentadas las autorizaciones para ejercer la medicina dirigidas hacia Antonia de Santa Sofía y una tal Donna Antonia. En estos dos últimos casos, cabe destacar que no se hace referencia a que ninguna de las dos mujeres haya recibido algún tipo de formación más allá de la práctica.

A partir del siglo XVI hasta el XVIII, no se documenta ninguna mujer médico, limitándose su papel al de partera, siendo nombradas en los registros eclesiásticos en ocasiones de bautizos de urgencia, hechos en recién nacidos con riesgo inmediato de muerte. Algunas parteras aparecen esporádicamente en los registros, mientras que otras tienen una larga trayectoria en una misma población. 

En el siglo XVIII, encontramos a Josefa Amar, una médico aragonesa de la época de la Ilustración que, por sus méritos académicos, fue escogida como "Socia Libre de la Academia Médico-Práctica de Barcelona", precursora de la Real Academia de Medicina de Cataluña.



domingo, 7 de febrero de 2016

Los 10 remedios más empleados por los médicos medievales


Sanguijuelas


Las sanguijuelas protagonizaban las curas de aquellas personas más pobres. Generalmente se empleaban para limpiar la sangre de la persona de la enfermedad que padecía. Se creía que eran especialmente útiles para curar las trombosis y la artritis.

Sangrías


Este remedio fue empleado hasta bien entrado el siglo XIX. Se empleaban para drenar el cuerpo y eliminar la patología, igual que en el caso de las sanguijuelas

Agujas en los ojos


En la Edad Media, una operación de cataratas consistía en hurgar con una aguja en el ojo del paciente. Supuestamente esto se hacía para despejar la visión pero acababa dejando a tanta gente ciega o como estaba que, en la práctica, se abandonó hasta que la influencia de la medicina islámica llegó a Europa.

Astrología


En Europa, hasta el siglo XV, los médicos solían consultar la carta astral del paciente y la comparaban con la alineación de los astros antes de realizar cualquier intervención. Era una prueba, un método para diagnosticar enfermedades (método que, a menudo, era mortal) que dejaba la salud de los pacientes en manos de la pseudociencia.

Flatulencias embotelladas


Este remedio surgió en la Europa del siglo XIV, cuando la Peste Negra causaba numerosos estragos y muertes (considerada la Pandemia más devastadora de la historia). Algunos doctores creían que la enfermedad se transmitía a través de vapores mortales y afirmaban que la cura pasaba por exponer al paciente a efluvios igualmente fétidos. En algunos casos, los médicos recomendaban a sus pacientes esnifar flatulencias conservadas en una jarra y, en otros, recomendaban que los pacientes vivieran junto a cabras.

Polvo de momia


Era un remedio del Antiguo Egipto que todo boticario del siglo XII que se preciara debía tener en su despensa. Para ello, se machacaba un trozo de un cadáver momificado y se prescribía para combatir diversas enfermedades.

Hierro al rojo vivo


El metal candente era el mejor método existente para cauterizar heridas y prevenir infecciones.

Alcanfor


En la Edad Media, el alcanfor se mezclaba con orina y se administraba (untado o ingerido) como remedio para tratar la Peste.

Peregrinación


Muchas ciudades de la Europa Medieval aumentaron considerablemente su riqueza gracias a la multitud de peregrinos que acudían a sus templos y catedrales en busca de una cura a sus enfermedades.

Se afirmaba que el agua bendita que se vendía en los lugares de peregrinaje lo curaba todo por la gracia de Dios, pero la presencia masiva y constante de enfermos hacía que las enfermedades se transmitieran de forma pasmosa. Con la peregrinación era más probable contagiarse de una enfermedad que curarse de ella.

Trepanación


Esta práctica tan poco sutil, se vino practicando desde la Prehistoria. Se empleaba como remedio para ahuyentar a los malos humores que se habían instalado en la cabeza. No obstante, muchas veces se perforaban las meninges, causando una hemorragia masiva que provocaba la muerte del paciente.



viernes, 5 de febrero de 2016

Berserker: los guerreros de la muerte.

Los Berserker eran guerreros vikingos que combatían semidesnudos, cubiertos con pieles. Entraban en combate bajo cierto trance psicótico, casi insensibles als dolor, fuertes como osos o toros, y llegaban a morder sus escudos. No había fuego ni acero que los detuviera. Se lanzaban al combate con furia ciega, sin armadura ni protección alguna. Se han documentado casos en los que los Berserker se lanzaban al agua desde un drakkar (típico barco vikingo) y se ahogaban sin que nada se pudiera hacer por ellos. Su sola presencia atemorizaba a sus enemigos así como a sus propios compañeros de batalla, pues cuando entraban en trance no estaban en condiciones de distinguir aliados de enemigos.

Existe la teoría de que su resistencia e indiferencia al dolor provenían del consumo de setas alucinógenas, como la amanita muscaria, o por la ingesta de pan o cerveza contaminados por cornezuelo del centeno, precusor del LSD. Los vikingos, así como otros pueblos germanos, consumían cerveza con beleño negro, una planta alucinógena de la familia de las solanáceas. Es posible que los Berserker consumieran dichas cervezas antes de entrar en combate. El beleño produce una sensación de gran ligereza, parece que uno pierde peso y se siente tan ingrávido que acaba creyendo que se eleva por los aires. Por otra parte, la belladona, causa furia y violencia, acompañada de carcajadas delirantes.

En las sagas nórdicas:


Diversas fuentes mencionan a los Berserkr Mikill, o poderosos guerreros Berserker, que destacaban por su extrema ferocidad y eran comparados con gigantes.

En la Saga de Egil Skallagrímson aparecen 12 Berserkers, como el número adecuado de guerreros al servicio de la guardia personal de un rey, un numero muy recurrente en otras sagas nórdicas. En la Saga de Hrólfr Kraki, el rey aparece acompañado de un hird (pequeño ejército) de Berserkers, destacando Bödvar Bjarki quien, según la leyenda, se transformaba en un impresionante plantígrado en batalla, una característica posiblemente relacionada con antiguos cultos al oso. Es muy probable que fueran miembros de cultos relacionados con Odín. En cierta manera, la religión de los Berserker les inducía a mostrar una gran furia en dombate, mostrando una invulnerable mitad humana y otra mitad animal. Sus dioses, todos ellos guerreros, exigían (para alcanzar el Valhalla) tener la muerte más noble en el campo de batalla.

En el año 1015, el Jarl Eiríkr Hákonarson de Noruega declaró a los Berserkers fuera de la ley, posiblemente el gragás (ley escrita) de Islandia hizo lo propio, y hacia el siglo XII los Berserkers ya habían desaparecido.

Los Berserker también se mencionan en la Saga Vatnsdoela y Hrafnsmál, y en la Saga Völsunga, se decía que se cubrían con una piel de lobo cuando entraban en combate. Los Berserker eran definidos como los guerreros de élite de Odín, con la piel de lobo y una lanza como perfil más característico.

El poema Haraldskvaeöi los define así:

"Hablaré de los berserkers, los catadores de sangre,
Aquellos héroes intrépidos, ¿Cómo trataban
A los que vadean en la batalla?
Piel de lobo les llaman.
Portan escudos sangrientos.
De puntas rojas son sus lanzas cuando marchan.
Forman un grupo apretado, cerrando filas.
El príncipe, en su sabiduría, confía en ellos,
En los que cortan los escudos enemigos".

En las Saga Heimskringla y la Saga de Grettir, los berserker reciben el nombre de Úlfhéönar. Harald I de Noruega, unificador del reino, aparece acompañado por ellos en sus ofensivas, "iban sin cota de malla y actuaban como perros rabiosos y lobos", lo que provocaba desconcierto y el colapso en las filas de los enemigos.

Los Berserker fueron marginados por la sociedad por, ya que los consideraban unos locos, y una leyenda que recorría los países nórdicos contaba que se convertían en hombres lobos, lo que motivó que fueran temidos y recluidos, ya en la cristiandad, por considerarlos poseídos por el diablo. La creencia en la licantropía se testimonia en la Saga Völsunga, donde se afirma que los berserker Sigmund Volsungson y Sinfjötli Sigurdsson (nieto de Sigmund) gruñían y aullaban como lobos durante los combates.


miércoles, 3 de febrero de 2016

CK2: probando la nueva fragancia de Calvin Klein.

CK2 de Calvin Klein es una nueva fragancia de la familia olfativa Amaderada Aromática, tanto para hombres como para mujeres. Las notas de salida son la raíz de wasabi, mandarina, raíz de lirio, rosa, vetiver, sándalo e incienso.

Es una fragancia de longevidad duradera y estela moderada. Su olor es fresco, exótico y sublime.


Si ya la has probado, comparte tu opinión en las redes sociales con el hashtag #the2ofus

Gilles de Rais, un asesino en serie luchando junto a Juana de Arco.

Gilles de Rais, también conocido como Barba Azul, (1405 - 1440) fue un noble y asesino en serie francés del siglo XV que luchó junto a Juana de Arco en los años finales de la Guerra de los Cien Años.

Fue el hijo primogénito, descendiente de uno de los grandes linajes de Francia, de Guy II de Laval y de Marie de Craon.

Tras la muerte de sus padres, Gilles y su hermano René quedaron bajo la tutela de su abuelo materno Jean de Craon. Según afirmó en sus juicios, Gilles no tuvo ningún tipo de control por parte de su abuelo y siempre hizo lo que le vino en gana.

Su enorme agresividad y psicopatía se hicieron más evidentes cuando se alistó en el ejército con la intención de desahogarse con los enemigos a los que se enfrentaba. Se puso a las órdenes de Juan V, duque de Bretaña, en las querellas residuales de la Guerra de Sucesión Bretona. Luchó siempre en la vanguardia junto a sus propios soldados y sus compañeros de armas lo admiraban porque parecía poseído cuando luchaba dando mandobles, con una rapidez y fuerza increíbles, pareciendo que eran los propios demonios los que regían sus movimientos.

A la edad de 17 años, Gilles raptó a su prima Catherine de Thouarson, de 15 años,  y la forzó a casarse con él el 24 de abril de 1422. La familia de Catherine era propietaria de varios castillos que, unidos a los suyos propios, harían de la unión la familia más rica y poderosa de Francia. Pero Gilles se equivocó, y la familia de su ahora esposa no aceptó el enlace matrimonial por lo que, como venganza, Gilles raptó a su suegra y la encerró, alimentándola solo a base de pan y agua, hasta que le cedió los castillos que el pedía. Mientras tanto Gilles y la ya maltratada Catherine tardaron 7 años en tener descendencia (una hija llamada Marie), como consecuencia de las tendencias homosexuales que le hicieron desinteresarse por su esposa. Catherine, junto a su hija, huyó y se refugió en uno de los castillos de su padre. Gilles nunca mostró interés alguno por el bienestar de su hija o de su esposa.

Después de las campañas militares junto a Juan V, Gilles se puso al servicio de Carlos VII, Delfín de Francia, para combatir contra los ingleses y sus aliados de Borgoña. Fue en esa época cuando Gilles conoció a Juana de Arco, con la que quedó absolutamente fascinado por su historia y su belleza física.

El Delfín Carlos concedió un pequeño ejército a Gilles y a Juana de Arco para liberar Órleans del asedio inglés. Junto a ellos se encontraban otros generales como el Bastardo de Órleans (conde de Dunois), el Duque de Alençon y La Hire. Su audacia y violencia en combate eran comparables a las de los berseker vikingos. Gilles llegó a afirmar durante las campañas junto a Juana de Arco que ella era Dios y que si debía matar a los ingleses por su mandato, así lo haría. Se convirtió en su escolta y protector, salvandola en varias ocasiones durante el fragor de la batalla. Pese a las matanzas y las crueldades de guerra, Gilles se sentía realizado espiritualmente, ya que Juana lo inspiraba y había rendido un gran servicio a Francia. Además, ese mismo año fue proclamado mariscal de Francia con tan sólo 25 años, amasando una inmensa fortuna. 

Crímenes.


Gilles de Rais era un hombre culto pero poco reflexivo, ávido de riquezas pero muy despilfarrador. Desde el momento en que fue nombrado mariscal, se entregó a los más locos dispendios para satisfacer sus más extravagantes caprichos. Era un apasionado de las artes, especialmente de la música. Poseía una gran colección de órganos. El sonido de este instrumento le producía tal enajenación que se hizo construir órganos portátiles. Consiguió, en su exaltación religiosa, ser nombrado canónigo de Saint Hilaire de Poitiers y se hizo rodear por una comitiva de 50 eclesiásticos, junto con 200 soldados, cuya sede se encontraba en la capilla de los Santos Inocentes de Machecoul.

Por otro lado, todo el que acudía a él disfrutaba de su generosidad. El extranjero era bien recibido, cualquiera que fuese su condición social, a cualquier hora del día o de la noche. Realizaba grandes banquetes. Gastó gran parte de su fortuna en obras teatrales que recordaban a sus campañas militares junto a Juana de Arco.

Para procurarse el dinero necesario, tuvo que recurrir a numerosos arbitrios y ruinosos contratos. Logró la colaboración de aposentadores, burgueses y mercaderes que adelantaban a un interés usurario las sumas que, por generosidad neurótica, se le fundían entre las manos. En el año 1437, sus cofres se encuentran vacíos, su crédito está agotado y los que lo habían rodeado en su época dichosa se alejan de él. Ante esta situación, Gilles se zambulle en el esoterismo buscando en la alquimia el modo de fabricar oro (interesándose especialmente en la Piedra Filosofal). Se rodeó de una corte grotesca de brujas, nigromantes, alquimistas... Finalmente cayó en manos de un embaucador florentino, llamado Prelati, quien le aseguró que llenaría sus arcas gracias a la magia negra.

Gilles de Rais visitaba con frecuencia a su cómplice, para informarse de las investigaciones. Prelati le aseguró que, en una de sus invocaciones, había visto cerca de él al demonio, pero que ésta aparición se había desvanecido sin que pudiera pronunciar palabra alguna. Gilles, quien sentía un pánico atroz al diablo, hizo caso de Prelati, con quien mantenía una relación homosexual, y mandó que se redoblasen los ensalmos y los conjuros. En otras ocasiones, Prelati salía herido después de una de sus invocaciones, que siempre se realizaban en un cuarto escondido, causando en Gilles más pánico. Sillé fue el proveedor de todos los elementos para las invocaciones en Tiffauges y el Padre Eustache Blanchet fue el encargado de contratar a los invocadores, como Prelati, La Riviére, o alquimistas como Jean Petit, el cual construyó varios hornos para trabajar con mercurio. No obstante, los hornos fueron destruidos, con motivo de una visita del futuro Luis XI, entonces Delfín de Francia, a Gilles por una orden expresa del rey Carlos VII, quien condenaba la alquimia y la herejía. "Es imposible que a Gilles salga bien de sus empresas -dijo uno de los familiares de Gilles de Rais- si no ofrece al demonio la sangre y los miembros de niños llevados a la muerte. Porque su lectura habitual la constituyen los más ardientes poemas de Ovidio y el relato que hace Suetonio de los criminales sacrificios que exige el rey del infierno. ¿Qué le importa el sacrificio de vidas humanas si adquiere a ese precio el poderío de la codicia?". A esto se unía, además, su voluntad de matar a niños para su disfrute y placer personal.

En su afán por conseguir víctimas para sus sacrificios, los servidores de Gilles de Rais, recorrían los pueblos y aldeas buscando niños y adolescentes, prometiéndoles que los harían pajes en los castillos del Señor de Rais. Siempre en lugares lejanos, incluso, en algunas ocasiones, el propio Gilles, con amabilidad, acudía personalmente a la casa de los plebeyos para asegurar a los parientes de los niños un prometedor futuro. En cuanto a las víctimas, una vez se marchaban de su hogar, los padres no volvían a tener más noticias de ellos y, si preguntaban, les respondían que estaban bien. Pronto, comenzó a cundir la alarma entre la población y Gilles hubo de recurrir a los raptos. Entre los años 1432 y 1440, se llegaron a contabilizar más de 1000 desapariciones de niños de entre 8 y 10 años en Bretaña. Pero la gran locura llegaba durante la noche, cuando él y sus secuaces se dedicaban a torturar, vejar, humillar y asesinar a los niños secuestrados. Después de cada sangrienta noche, Gilles salía al amanecer y recorría las calles en solitario, mientras sus esbirros quemaban los restos de sus víctimas. El terror se apoderó de los habitantes de los pueblos de la Bretaña. Los criados tuvieron que ampliar su campo de acción, con lo que el terror se extendía cada vez más. Hasta que los rumores se convirtieron en gritos que llegaron más allá de las autoridades.

En una ocasión, Gilles se aprovechó de unos niños mendigos que fueron a pedir limosna a su castillo. Gilles los violó y los desmembró. Una vez muertos, los abrazó fuertemente mientras deliraba. En otras ocasiones, se reía ante los últimos estertores del niño y le cortaba la vena yugular para hacer brotar su sangre.

En otras ocasiones, cuando asesinaba a una de sus víctimas, se arrepentía y juraba partir hacia Tierra Santa para redimir sus pecados, pero al poco tiempo volvía a cometer las mismas aberraciones.

Durante 8 años, Gilles vivió en un mundo irreal, rodeado de gran fastuosidad, como si no se diera cuenta de las brutales acciones que cometía. Según contó en su juicio, tanto él como su grotesca corte, cortaban las cabezas de varios niños recién asesinados y hacían competiciones para escoger los rostros más bonitos. Las cabezas eran ensartadas en picas y las iban calificando. Todo esto se hacía en el transcurso de orgías sexuales y etílicas.

En varias ocasiones, René, el hermano menor de Gilles, intentó salvar el patrimonio familiar que éste estaba dilapidando; incluso, con la ayuda del rey, logró un edicto según el cual Gilles no podía vender más propiedades. René logró comprar el castillo de Machecoul, encontrando allí los esqueletos de más de 50 niños. No obstante, René quiso silenciar lo que vio pare evitar posibles malentendidos contra él.

Captura, juicio y ejecución.


Finalmente, llegó el momento de que todo esto finalizara, y ese momento fue cuando el obispo de Nantes, Jean de Malestroit, investigó las desapariciones de Bretaña y notó que no eran casuales. Malestroit descubrió los crímenes gracias al hecho de que, en plena depresión, Gilles vendió una de sus últimas posesiones, el Castillo de Saint-Etienne-de-Memorte al tesorero de Juan V, Geoffroy de Farron. Gilles se enteró de que un familiar suyo, el Señor de Villecigne, deseaba comprar el castillo y creyó que Le Farron no aceptaría la anulación de la venta. Éste había dejado a su hermano Jean, un eclesiástico, al frente del castillo. Gilles, en uno de sus impulsos de violencia, atacó la iglesia donde Jean celebraba misa y lo secuestró, encerrándolo en el castillo de Tiffauges. Este ataque fue conocido por el duque de Bretaña y por el propio Malestroit. Juan V envió a su hermano, el condestable del rey, a rescatar a Jean Le Farron, mientras él mismo intentaba apaciguar a Gilles. Finalmente, Gilles de Rais fue capturado el 15 de septiembre de 1440, cuando se presentó a las puertas del castillo de Machecoul, por un grupo armado al mando del capitán Jean Labbé. Portaban órdenes específicas del duque. Gilles de Rais se entregó junto a sus secuaces y fue llevado a juicio. El día 19 de ese mismo mes comenzó el interrogatorio que se prolongó hasta el día 22 de octubre.

En el juicio, altamente detallado, pasaba del insulto a los jueces a la depresión más absoluta. Fue encerrado en una prisión acomodada, por su condición de noble. En un principio, se declaró inocente pero, durante uno de sus ataques de violencia, se declaró culpable. Finalmente, el día 22 de octubre, ante los jueces eclesiásticos comandados por el obispo de Saint-Brieuc, documentó todos los asesinatos y vejaciones que practicaba a los niños de entre 7 y 20 años, actuaciones pedófilas, rasgaduras, colgamientos con ganchos, decapitaciones... Afirmó que había bebido sangre de los niños, incluso cuando estos aún estaban vivos, que "necesitaba de aquel goce sexual" y que escribió un libro con la sangre de sus víctimas. Sus confesiones convulsionaron a toda Francia, ya que la gente lo tenía por un héroe. Fue condenado por asesinato, sodomía y herejía.

Finalmente, el día 26 de octubre de 1440, Gilles de Rais y sus perversos secuaces fueron conducidos al prado de la Madeleine, en Nantes, para ser ahorcados. Sus restos fueron sepultados en la iglesia de las Carmelitas de Nantes, a petición del entonces mariscal de Francia.

Confesiones escritas de Gilles de Rais


"Yo, Gilles de Rais, confieso que todo de lo que se me acusa es verdad. Es cierto que he cometido las más repugnantes ofensas contra muchos seres inocentes -niños y niñas- y que en el curso de muchos años he raptado o hecho raptar a un gran número de ellos -aún más vergonzosamente he de confesar que no recuerdo el número exacto- y que los he matado con mi propia mano o hecho que otros mataran, y que he cometido con ellos muchos crímenes y pecados".

"Confieso que maté a esos niños y niñas de distintas maneras y haciendo uso de diferentes métodos de tortura: a algunos les separé la cabeza del cuerpo, empleando dagas y cuchillos; con otros usé palos y otros instrumentos de azote, dándoles en la cabeza golpes violentos; a otros los até con cuerdas y sogas y los colgué de puertas y vigas hasta que se ahogaron. Confieso que experimenté placer en herirlos y matarlos así. Gozaba en destruir la inocencia y en profanar la virginidad. Sentía un gran deleite al estrangular a niños de corta edad incluso cuando esos niños descubrían los primeros placeres y dolores de su carne inocente".

"Contemplaba a aquellos que poseían hermosa cabeza y proporcionados miembros para después abrir sus cuerpos y deleitarme a la vista de sus órganos internos y, muy a menudo, cuando los muchachos estaban ya muriendo, me sentaba sobre sus estómagos, y me complacía ver su agonía..."

"Me gustaba ver correr la sangre, me proporcionaba un gran placer. Recuerdo que desde mi infancia los más grandes placeres me parecían terribles. Es decir, al Apocalipsis era lo único que me interesaba. Creí en el infierno antes de poder creer en el Cielo. Uno se cansa y aburre de lo ordinario. Empecé matando porque estaba aburrido y continué haciéndolo porque me gustaba desahogar mis energías. En el campo de batalla el hombre nunca desobedece y la tierra toda empapada de sangre es como un inmenso altar en el cual todo lo que tiene vida se inmola interminablemente, hasta la misma muerte de la muerte en sí. La muerte se convirtió en mi divinidad, mi sagrada y absoluta belleza. He estado viviendo con la muerte desde que me di cuenta de que podía respirar. Mi juego, por excelencia, es imaginarme muerto y roído por los gusanos".

"Yo soy una de esas personas para quienes todo lo que está relacionado con la muerte y el sufrimiento tiene una atracción dulce y misteriosa, una fuerza terrible que empuja hacia abajo (...) Si lo pudiera describir o expresar, probablemente no habría pecado nunca. Yo hice lo que otros hombres sueñan. Yo soy vuestra pesadilla".