domingo, 6 de noviembre de 2016

La higiene en la Edad Media

En la Edad Media, los baños y la higiene brillaban por su ausencia, a diferencia de la época romana, donde la higiene era esencial.

Los baños en las viviendas particulares estaban reservados a unos pocos privilegiados, a la nobleza y a los mercaderes. No obstante, existían numerosos baños públicos a los que el pueblo llano podía acudir de vez en cuando.

A pesar de su existencia, los baños públicos estaban mal vistos por muchas personas y, sobretodo, por la Iglesia, ya que a menudo estaban asociados a la prostitución, ya que allí se juntaban hombres y mujeres desnudos. En ocasiones, estos baños eran tapaderas que escondían burdeles.

Se podían encontrar baños en toda Europa y París fue una de las capitales con el número más elevado de baños públicos, aunque los franceses del medievo brillan por la fama de su fuerte olor corporal.

Se debe tener en cuenta que, en la Edad Media, las mujeres hacían sus necesidades sin quitarse el vestido y empleaban como enjuague bucal su propia orina. Los abanicos eran empleados para mitigar el olor corporal.

Generalmente, la gente no se solía bañar en invierno ya que hacía frío. Los primeros baños se realizaban en mayo, época en la que se celebraban las bodas para evitar los malos olores en la pareja. De hecho, la tradición de llevar la novia un ramo de flores para casarse deriva de aquí, ya que el olor de las flores ayudaba a disimular el hedor corporal.

Averroes, insigne médico musulmán, llegó a afirmar que, en los baños públicos, una muchacha había quedado embarazada sin haber tenido relación sexual alguna, solo por compartir la misma agua que un rato antes habían usado los hombres.

Otros médicos de la época afirmaban que después del baño las carnes se reblandecían, los poros se abrían y los vapores podían entrar en el organismo produciendo la muerte o enfermedades graves

Durante la época de la Peste Negra, los médicos pidieron que se prohibieran y cerraran los baño públicos, ya que creían que la peste se propagaba a través del agua. Llegaron a afirmar que la mugre protegía de las enfermedades.

En los baños públicos, el dueño del establecimiento hacía sonar una trompeta para anunciar la hora de la apertura, la gente acudía semidesnuda y se acomodaba en diversos bancos para disfrutar del agua y del vapor, había masajistas que aplicaban ungüentos y barberos.

En el caso de los estamentos más elevados, el baño era un signo de distinción y era muy común acompañarlo de la comida, siendo éste un lujo reservado para unos pocos.

Las bañeras, eran grandes tinas de madera reforzadas con metal. Se tapaban con una sábana para evitar la pérdida de calor. Las crónicas de Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, nos ofrecen un reflejo de lo que debía ser un baño noble de la época:

"El Duque invitó a comer a los embajadores del rico Duque de Baviera y del conde de Wuttemberg, e hizo aportar un acompañamiento de cinco platos de carne para regocijarse en el baño".

Las crónicas también afirman que una vez llegó a alquilar un baño público para él y sus invitados, con meretrices para satisfacerles.

En las casas ricas y/o nobles que podían permitirse el lujo de tener un baño, se bañaban dos veces al año. El orden de baño era el siguiente: primero se bañaba el padre, luego los miembros varones por orden de edad, después las mujeres y, por último, los bebés. Cabe destacar que el agua no se cambiaba.

En el Reino de Castilla, dado que se veía una estrecha relación entre los baños públicos y la sexualidad, se comenzó a poner días diferentes para los baños de hombres y mujeres, los judíos solo podían bañarse un día a la semana. Se prohibieron los baños los domingos y el viernes santo.

Los musulmanes reservaban las mañanas para los hombres y las tardes para las mujeres, aunque ellos veían el baño como algo social y saludable.

En Aviñón estaba prohibido que los hombres casados acudieran a los baños y no estaba bien visto que las mujeres de buena reputación acudiesen a ellos.

En el siglo XV se comenzaron a prohibir y cerrar los baños públicos en Londres y, a partir de ahí, en toda Europa.

Las calles de los pueblos y ciudades europeas eran lugares llenos de basura y excrementos, las necesidades se hacían en cualquier sitio e incluso se tiraban por la ventana. En las casas se convivía con animales y con sus excrementos.


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