domingo, 13 de agosto de 2017

Mariana Pineda, la primera defensora de la libertad

Mariana de Pineda (1 de septiembre de 1804 - 26 de mayo de 1831) fue una liberal española del siglo XIX ejecutada durante la restauración de Fernando VII de España.

Fue hija de Mariano de Pineda y Ramírez, capitán de navío de Granada y caballero de la Orden de Calatrava, que nunca llegó a casarse con su madre, María de los Dolores Muñoz y Bueno, procedente de Lucena, mucho más joven y de condición social más baja que él. La pareja tuvo una primera hija en la ciudad de Sevilla, donde residieron durante un tiempo, pero falleció al poco de nacer, y después de trasladarse a Granada, donde vivieron en casas separadas, tuvieron una segunda hija, que fue Mariana. Después de su nacimiento, madre e hija se fueron a vivir a la casa de Don Mariano, quien unos meses más tarde, como consecuencia de una enfermedad crónica que padecía, escribió un documento en el cual otorgaba a María todos los derechos sobre Mariana. Pero al poco tiempo, Mariano denunció a su pareja por haberse apropiado de los bienes puestos a nombre de su hija y María Dolores huyó de la casa común con la niña, siendo detenida y obligada a devolver a la niña a su padre. Después de la muerte de don Mariano, Mariana pasó a ser tutelada por su tío, que era ciego, soltero y tenía 47 años. Sin embargo, tras casarse con una mujer mucho más joven que él, traspasó sus responsabilidades como tutor a dos jóvenes criados suyos, José de Mesa y Úrsula de la Presa, a cuyo cargo quedó Mariana a lo largo de su infancia.

Cuando falleció su tío, éste legó a su propia hija gran parte de los bienes que le correspondían a Mariana por herencia de su padre, por lo que ésta tuvo que pleitear durante toda su vida para que le fueran devueltos, aunque nunca lo consiguió.

Se casó cuando tenía 15 años con Manuel de Peratla y Valle, once años mayor que ella y que acababa de desertar del ejército. La boda se celebró de forma sígilosa, debido a la condición de hija ilegítima de Mariana. De este matrimonio tuvo dos hijos, José María y Úrsula María. En agosto de 1822, falleció su esposo dejándola viúda a los 18 años y con dos hijos pequeños. Fue en esos años de su matrimonio, que coinciden con el Trienio Liberal, cuando Mariana se adhirió a la causa liberal y tras la nueva restauración del absolutismo por Fernando VII de España, en 1823, acogió en su casa a liberales perseguidos. Entre estos liberales perseguidos se encontraba el militar Casimiro Brodett y Carbone, con el que estuvo a punto de casarse, pero el matrimonio se frustró porque Brodett no consiguió la dispensa real a causa de su filiación liberal y se vió obligado a abandonar el ejército, marchándose a Cuba. Mariana, por su parte, desapareció durante dos años de Granada.

Cuando volvió a granada ayudó a su primo, Fernando Álvarez Sotomayor, a escapar de la cárcel donde cumplía condena desde 1827 por haber participado en diversas conspiraciones liberales organizadas por los exiliados de Gibraltar. La estrategia de la que se valió para liberar a su primo fue introducir unos hábitos  en la cárcel y entregárselos a Fernando que, disfrazado de fraile, salió de la prisión sin mayores dificultades porque, como había observado Mariana, los muchos clérigos que entraban y salían del establecimiento nunca eran controlados por los guardias. Éste se refugió incialmente en casa de Mariana y cuando Ramón Pedrosa (el alcalde del crimen de Granada) fue a buscarlo allí, ya se encontraba en Gibraltar.

A su vuelta de Gibraltar, Mariana tuvo como amante al abogado José de la Peña, de 28 años, y al cual se unió en matrimonio secreto, celebrado en la Iglesia de Santa Ana. De ese enlace, nació una niña a la que Mariana reconoció como hija natural a pesar de que no vivieran juntas, aunque no así Jose de la Peña, que esperó a 1846 para reconocerla como hija y heredera.

En alguna ocasión Mariana también atrajo la atención del alcalde Ramón Pedrosa a causa de la denuncia presentada contra ella por Romero Tejada, por unas supuestas conexiones con los "anarquistas" -que era el nombre que entonces empleaban los absolutistas para hacer referencia a los revolucionarios liberales- de Gibraltar. Más grave fue el caso de su fiel criado Antonio Buriel -que había servido a las órdenes de Rafael del Riego- que fue detenido por Pedrosa por haber llevado cartas comprometedoras y que le valieron a Mariana el verse arrestada en su domicilio. El caso nunca llegó a juzgarse, aunque Mariana tomó medidas preventivas solicitando los servicios del abogado Jose María Escalera. La policía granadina estaba convencida de que Mariana Pineda estaba implicada en los preliminares de una insurrección y de que su criado Antonio Buriel "tenía preparada una docena de hombres decididos para lanzarlos a la calle".

La policía absolutista del ministro Francisco Calomarde estaba alerta desde que supo que el General José María Torrijos que, junto con el general Francisco Espoz y Mina, era el líder de los liberales exiliados, había llegado a Gibraltar a principios de septiembre de 1830. De hecho, la primera tentativa de insurreccón anti-absolutista tuvo lugar en enero de 1831 cuando Torrijos y su grupo intentó marchar sobre La Línea de la Concepción desde Gibraltar, con el objetivo de alcanzar Algeciras. Una semana más tarde, sin que se sepa si tuvieron una relación directa con Torrijos, un grupo de liberales acabó con la vida del gobernador de Cádiz, lo que fue interpretado equivocadamente por la guarnición de San Fernando para iniciar un levantamiento que resultó un fracaso, al mismo tiempo que desde el Campo de Gibraltar había salido un grupo de unos 200 hombres que recorrieron la Serranía de Ronda hasta que fueron capturados por los Voluntarios Realistas. Estos movimientos parecían indicar que se estaba preparando un levantamiento generalizado por toda Andalucía que estaría encabezado por Torrijos y por Espoz y Mina, y coordinado desde Madrid por Salustiano de Olózaga. Se llegó a fijar la fecha del 20 de marzo de 1831 para el levantamiento, pero la policía del ministro de Justícia de Fernando VII, Francisco Calomarde estaba al tanto de los preparativos -algunos de sus agentes se encontraban en Gibraltar siguiendo a Torrijos y a su grupo- y lograron desbaratar el intento. Dos días antes de la fecha prevista para el levantamiento, Mariana Pineda fue detenida en su casa de Granada.

El 18 de marzo de 1831 la policía, al mando del señor Pedrosa, irrumpió en su domicilio, y al encontrarse "dentro de la casa que habitaba doña Marina Pineda, cabeza o principal de ella" una "bandera, señal indubitada del alzamiento que se forjaba" fue "aprehendida... teniéndosela legalmente... por autora del horroroso delito", según el relato del fiscal que presentó en el juicio al que fue sometida. Según Carlos Serrano, las condiciones en que se encontró la "bandera" en casa de Mariana "hacen sospechar que la introdujo en ella algún agente manipulado por la policía, sin duda una de las propias bordadoras del Albaicín a quien ella tenía encomendada el trabajo y que, descubierta o denunciada, se habría visto más o menos obligada a introducir el famoso pendón en su casa para que pudiera ser "descubierto" luego allí y sirviera de base para la acusación".

De momento fue confinada en su propia casa, custodiada por un guardia, de donde escapó tres  días después aprovechando un descuido del guardia disfrazada de anciana, pero el guardia logró alcanzarla en la calle y Mariana le rogó que no la denunciara, tratando de convencerlo para que la acompañara en su fuga. Este hecho sería empleado por el fiscal para imputarle un supuesto segundo delito, además del de preparar un alzamiento contra "la soberanía del Rey N.S." el de "haber emprendido su fuga de la prisión que le fue constituida en su casa", tratando de "seducir o cohechar al dependiente que la custodiaba y que le dio alcance en su fuga, diciendo a éste que la dejara, ofreciéndole que se fuese con ella y le haría feliz". A causa de este intento de fuga, fue recluida en la cárcel de mujeres de mala vida del Convento de las Arrecogidas de Santa María Egipcíaca

Dada su condición de mujer, no la consideraban una de los líderes  de la conjura liberal que creían que estaba en marcha en Granada -de hecho en ninguno de los pronunciamientos liberales del reinado de Fernando VII hubo mujeres directamente implicadas- sino que la detuvieron para que denunciara a sus cómplices, de ello sería que Pedrosa, alcalde y jefe de la policía de Granada, estaba habilitado para indultarla incluso después del juicio si aceptaba declarar sobre sus cómplices, cosa a la que ella se negó hasta el final -una firmeza que por otro lado no había demostrado su primo Fernando Álvarez de Sotomayor, a quien Mariana había ayudado a escapar de la cárcel, que informó a las autoridades absolutistas de las actividades del grupo de José María Torrijos en Gibraltar a cambio de un indulto-.

Por otro lado, se especuló que la detención y la condena a muerte de Mariana se debía al despecho sufrido por el alcalde Ramón Pedrosa que estaría enamorado de ella. Esta teoría la expuso veladamente durante el juicio su abogado defensor al referirse a "ciertos acontecimientos y circunstancias fatales" que habían hecho que a Mariana "se la tenga por algunos en un concepto" que no merecía, entre las que se encontraba "no haber accedido a pretensiones de otros sujetos" quienes "no sería extraño que se hayan propuesto llevar su resentimiento y venganza hasta el extremo de arruinarla". Mucho más explícitas fueron las coplas que circularon por la ciudad, y que perduraron mucho tiempo, como esta:

"Granada triste está
porque Mariana de Pineda
a la horca va
Porque Pedrosa y los suyos
sus verdugos son,
Y ésta ha sido su venganza
Porque Marian de Pineda
su amor no le dio.

Se puede afirmar que el alcalde del crimen de Granada se tomó el proceso como un asunto personal, presionándola para que delatara a sus supuestos cómplices, todo ello reforzado por el hecho de que Pedrosa había recibido del ministro Calomarde plenos poderes para investigar todas las "conspiraciones" que se produjeran en Granada, lo que le concedía un derecho de vida o muerte sobre los encausados, ya que nadie podía interferir en sus decisiones. Así pues, tres semanas después de la detención de Mariana, la administración de Justícia de Granada decidió que su causa pasara a las manos de Pedrosa.

A pesar de la convincente defensa que hizo su abogado, Mariana Pineda fue condenada a muerte. El día de su ejecución, al parecer se había preparado una operación destinada a liberarla durante el trayecto que conducía del Convento de las Arrecogidas de Santa María Egipcíaca, donde había permanecido internada, hasta el Campo del Triunfo donde estaba montado el garrote vil, pero por motivos que se desconocen, el rescate no tuvo lugar. Así que nada impidió que fuera ejecutada el 26 de mayo de 1831, a los 26 años de edad.

Mariana Pineda mantuvo su dignidad hasta la hora de prepararse para su ejecución, negándose a que le quitaran las ligas para no "ir al patíbulo con las medias caídas".

Su ejecución pretendió castigar la causa de los liberales, lo que la convirtió en una mártir para éstos y en un símbolo popular contra la falta de libertad, a consecuencia de lo cual llegó a convertirse en personaje principal de varias piezas dramáticas, poemas y ensayos.

En 1856, los restos de Mariana Pineda fueron depositados en la Cripta de la Catedral de Granada, donde descansan bajo una sencilla lápida, con el siguiente epitafio:

"D.O.M Ad perpetuam memoriam. Reliquiae mortales Marianae Pineda, quam, saeva morte, percussit tyrannus, Granatae septimo kalendas junii, anni millesimi octogentesimi trigesimi primi. Requiescat in pace. Patria grata ejus memoriam colit. Anno MDCCCLVI.




María Pita, la Juana de Arco española

María Pita (1565 - 1643) fue una heroína gallega de la defensa de La Coruña, en 1589, contra el asedio de la Armada Británica.

El 3 de mayo de 1589 las tropas inglesas asedian La Coruña dirigidas por el almirante y corsario Sir Francis Drake.

Este ataque formaba parte de la estrategia de la reina Isabel I de Inglaterra para despojar del trono de Portugal al que fue su cuñado y pretendiente, el fey Felipe II de España.

Los ingleses, habiendo cercado la ciudad gallega, abrieron una brecha en la muralla y comenzaron el asalto de la ciudad vieja. Durante el mismo, matan al marido de María Pita quien, llena de rabia, arrebata la lanza de la bandera inglesa y, con la misma, mata al alférez que dirigía el asalto, el hermano de Sir Francis Drake. Esto desmoralizó a la tropa inglesa, compuesta por 12.000 soldados y provocó su retirada. La tradición dice que este hecho se llevó a cabo al grito (en gallego) de "Quen teña honra, que me siga" ("Quien tenga honra que me siga").

Una vez finalizado el asedio, ayudó a recoger los cadáveres y a cuidar de los heridos. Junto con María Pita, otras mujeres coruñenses ayudaron a defender la ciudad, como es el caso de Inés de Ben, que fue herida durante el asedio.

Estuvo casada cuatro veces y tuvo cuatro hijos. Al enviudar por útlima vez, el rey Felipe II de España le otorgó una pensión que equivalía al sueldo de un alférez más cinco escudos mensuales y le concedió un permiso de exportación de mulas de España a Portugal.